Y mirarle, mientras duerme...
A veces me asalta la idea, siquiera unos segundos: cómo me puede gustar tanto. Él, que me toque, cómo me toca...
Luego, claro, dejo de pensar. No me queda espacio para las dos cosas, pensar y sentir...
Estaba cansado. Igual el haberle visto cada día durante semanas sí me deja apreciar esas cosas. Y eso que, curiosamente, esas semanas de contacto diario es cuando menos podía fijarme en ese tipo de detalles. No sé. Pero sí sé que lo noto. Estaba cansado. Ó necesitado de descanso, que igual no es lo mismo. Y eso..., en fin, que me influye. Que es cuando entra en juego la dualidad de los sentimientos, de las necesidades, de las prioridades. Que me apetecía tanto verle y desde hacía tantas semanas que...
Que sé que el ''plan'', medio en serio medio en broma, hecho tras cada aplazamiento que fijaba una nueva cita, podía ser el dejarse de preámbulos... ó, más bien, pasar al preámbulo desde el minuto uno. Y cuando nada más llegar a mi casa me siguió al dormitorio, buscando un enchufe para el cargador del móvil, e insinuó que igual podíamos quedarnos allí, ya que estábamos... le miré... y sabiendo que en realidad era lo que me apetecía, por encima de cualquier otra cosa... le mandé de vuelta al sofá. A hacer tiempo. Ó... no sé.
No podía tener más ganas de estar con él. Pero, tal vez, tras tantos aplazamientos, tras tantas horas de conversación... tras resultarme casi increible que, de veras, estuviese a mi lado... decidí reprimirme. Porque igual una cosa es ''hacer planes para cuando nos veamos'' y otra la realidad...
Y sé que nada me apetecía más que, eso, que abrazarle. Que se quitase la ropa (no hay que insistirle mucho, la verdad) y poderme abrazar a él...
Pero supongo que al final tengo miedo, siempre, a equivocarme...
Sé que cada vez que le veo puede ser la última. Es una certeza absoluta que tengo desde la segunda noche que pasé con él: cada vez puede ser la última. Porque es lo bueno... ó lo malo, de esta historia: no hay nada más que presente. Y, tras cada aplazamiento que distancia más y más cada encuentro, veo más claramente que las cosas son así, y que esto tiene fecha de caducidad. No sé cual es y si existe es a mi pesar, pero es algo ineludible e inevitable. Por eso sé que tengo que hacerme a la idea y pensar que cada vez que le vea puede, perfectamente, ser la última vez. Y por eso debería aprovechar cada segundo que pase a mi lado.
A veces también digo, me digo, que si no le quisiera todo sería más sencillo. Pero el problema en todo esto es que esta historia no sigue las pautas habituales: cuando me dí cuenta de que le quería, al margen completamente de cualquier componente físico (totalmente impensable e inimaginable en aquellos días), igual ya era demasiado tarde: había empezado a caer la arena en el reloj, la arena que marcaba el final de lo que le había convertido en parte de mi cotidianidad. La única parte que en esos días podía interesarme... A partir de ahí, la relación continuó, empezando justo en el momento en que se suponía iba a terminar para siempre. Y lo demás...
Lo demás vino solo. Lo demás fueron horas de conversación. Sin más. Con velados planes de índole... más personal, pero que en realidad tampoco me tomaba en serio. Objetividad. Los príncipes no suelen tener demasiado interés en las brujas, para que vamos a decir otra cosa... Conocí otras facetas de él, otras historias, algo parecido a las confidencias. Pasamos de los encuentros 'los viernes para tomar café' a conversaciones telefónicas que cada vez eran más largas y más nocturnas... Y empezaron las citas para 'algo más'. Y empezaron los aplazamientos sucesivos...
La primera tarde que se vino conmigo, a mi casa, juro que no tenía ninguna pretensión. Que si no hubiese 'pasado nada'... tampoco me habría sorprendido. Yo no iba a hacer nada por evitarlo ni por evitarle... pero sí habría entendido, perfectamente, su desinterés para algo más de lo que ya hacíamos. Hablar, pasar unas horas juntos. A esas alturas, sabía que hasta podía dormir a su lado sin que, si él no quería, pasase absolutamente nada más.
Esa noche quizás entendí que, probablemente, todo ese tiempo no había sido sino un preámbulo para ese día. Y supe porqué, contra todo plan y pronóstico, le había conocido. Tenía que conocerle. Tenía que encontrarle para saber que ya le había conocido en otra vida.
Lo que no garantiza ninguna continuidad en ésta, dicho sea de paso.
Pero sobre eso ya escribiré en otra ocasión.
A esas alturas, creo que le conocía ya bastante bien. Y tal vez esto es lo que diferencia a esta común historia. Cuando se empieza una relación...sentimental, por llamarla de algún modo, las pautas son casi comunes: atracción que busca ser correspondida. Coqueteos. Miradas. Buscar los encuentros, buscar el roce, el beso definitivo. Y, cuando la otra persona da muestras de reciprocidad... empezar la relación propiamente dicha. Y suele pasar que es al ir 'intimando', también en el plano fisico, con el otro... cuando se le empieza a conocer. Cuando hay intercambio de recuerdos, de aspiraciones. Y tal vez esos intercambios son los que van cimentando un futuro común... ó lo que hace que se vea que la relación no va para ningún lado...
Una relación donde, cuando por fin llega el primer beso 'real', y que se desdobla en otros y en otras cosas y es la primera noche y..., una relación donde en ese momento ya se sabe tanto del otro... ya se le conoce tan bien, ya se le quiere más allá del simple deseo..., no sé, pero no es lo habitual...
Me gusta mucho. Sé que le quiero más allá de lo que me pueda gustar. Que mi egoismo siempre estará por debajo de lo que él quiera ó necesite. Sé que esto tiene fecha de caducidad; que en cualquier momento, como príncipe que es, recuperará la vida que se merece, y que en ésta no tengo espacio ni lugar. Todo esto lo he sabido siempre. Por eso me importa más que lo que mis deseos me puedan importar.
Sé que un día dejaré de verle. Y que a partir de ese momento no pasará un sólo día en que no le eche de menos. Incluso cuando deje de pensar en él: no pasará ni un sólo día en que no me falte. Y esta es una de esas certezas que, creo, ya ni siquiera me duele.
Ó igual sí, pero no pienso en ello.
Me gusta mucho estar desnuda a su lado. Me gusta mucho él, tocarle, sentirle junto a mí. Es algo al margen de lo que pueda sentir, además, por él. Algo al margen de recuerdos de estos casi dos años, de conversaciones a oscuras a través del teléfono ó a plena luz del día mirándole hablar. Si sólo le quisiera... igual sí que habría existido esa primera noche juntos, pero si no me gustase además... probablemente no habría habido ninguna noche más. Pero si no le quisiera, probablemente tampoco habría habido nada y nunca habríamos llegado a esa primera noche juntos.
Anteayer, nada me podía apetecer más que estar a su lado. Nada, en esos momentos. Pero sé que estaba cansado y que necesitaba dormir. Y..., no sé, pero termino con un intenso complejo de culpa si no le dejo descansar. Debería pensar que me merezco ser egoista... pero la verdad es que no sé serlo.
Y me gusta mirarle mientras duerme.
Y así estuve, dos horas mirándole dormir. Cuando ya había amanecido un par de horas antes. Cuando dejamos la cama, tras pasar en ella horas; yo en realidad sin dormir en absoluto, él apenas algunos minutos. Dedicando el amanecer a recuperar algo de tiempo perdido, algo de lo 'no hecho' en esas citas aplazadas. Y, después, cambiamos cama por sofá, con la pretensión de hacer algo de tiempo, que fumase el primer cigarro del día ya con sol, tomar el primer café, esperar un rato y que él se fuera hacia su vida cotidiana, la de verdad... Se quedó dormido mientras le hablaba. Y le dejé dormir. Mirándole.
Está muy guapo cuando duerme.
Porque quizá fuese la última vez. Porque tengo que ser consciente de ello.
Dicen que nada engancha tanto como el sexo. Es probable. Cuando estoy a su lado sé que podría pasar el resto de mi vida así, simplemente acariciándole. Aunque sé que si nunca le hubiese acariciado no cambiaría en nada lo que siento por él.
Y también sé que el día en que me dé cuenta de que he perdido las conversaciones con él, que ya no sé cómo está... sabré que pasaré el resto de mi vida echándole de menos. Que incluso cuando ya no piense en él ni le recuerde, le echaré en falta, cada día...





bird dijo
Me ha hecho gracia lo de "no es habitual". Hay que ver cuanto daño ha hecho la "libertad" sexual a las relaciones amorosas ;) Deduzco que es mucho más joven. De lo contrario no entiendo lo de la caducidad. Tantos menos de treinta tiene? Vaya asaltacunas! ;) Son sólo suposiciones. Que no, que no, que no es envidia. Pero no te parece que es como repetir la historia? Tú siempre a la espera, otro que tiene el poder de decir cuándo, dónde y hasta cuándo. Y siempre la justificación de "porque le quiero". No les conozco, ni a este ni a M, pero siempre me da la impresión de que son unos egoístas. Claro, que ya sabes que una a veces proyecta sin querer... Ya sé que tu quieres, pero y ellos, nunca has sentido que te utiliza o que te utilizó? Es que yo soy de las que no se fían ni un pelo ;)
9 Agosto 2011 | 06:03 PM