Preciosa luz efímera.
Cuando hace un par de meses me quedé sin trabajo, hice un descubrimiento. Algo físico... ó más bien, sensorial. Ó igual ninguno de los dos términos es correcto. Era algo de mi entorno cotidiano... que el horario habitual durante los dos últimos años y pico no me había dejado ver:
Mi dormitorio, a media tarde, tenía una luz natural preciosa. Pero preciosa de veras. De las que emociona descubrir.
Igual es porque hago fotos. Ó porque soy fotofóbica. Ó porque soy madrileña (ya se sabe: la luz y el cielo de Madrid...). Pero este tipo de descubrimientos me gustan. Siempre me han gustado.
Bueno... pues se vé que el asunto era propio de las fechas, simplemente. Que al ser los días más largos del año, ponerse el sol en el punto del oeste en que se une al norte, estar la vivienda orientada al sur (por lo que apenas si le da el sol en verano... dándole de pleno en invierno. Curioso esto de las orientaciones ideales), pues que tenía esa luz en concreto. Igual por eso me sorprendió: la fecha, el tener rota la persiana y que sólo me entre luz por la parte superior, las cortinas de lino blanco...
Lo dicho. Una luz preciosa. Pero efímera. Tanto, que ya no es igual. Sigue siendo bonita... pero ya no es lo mismo. Le falta ese aire tamizado... no sé cómo explicarlo. El aire a siesta, el aire del momento en que la primavera da paso a las vacaciones. El que invita a no pensar, a simplemente disfrutar del momento...antes que llegue el calor sofocante. Antes que alguien se lleve ese momento, en definitiva.
Vuelvo a estar (más ó menos) desempleada. Y esta tarde he vuelto a estar en casa. Y... no, la luz ya no es la misma...
Me hubiese gustado poder haber compartido esa luz. Claramente, ya no podrá ser.
Y, con esa constatación, ese cambio de tono en la luz de mi dormitorio, también ha vuelto a mí la sensación que me persigue y asalta desde hace... días, semanas. La de que por mucho que me empeñe en intentar creer que, en algunas otras cosas, todo sigue bien, todo sigue en su sitio..., todo tiene esa opción de continuidad (que no de 'futuro'), no, no es así. Que las cosas cambiaron en algún momento y, quizá, me negué a verlo. Y cada día, tras cada... qué más da como lo llame, constanto un poquito más la lejanía creciente.
Como la luz, que sigue ahí pero ya no es la misma, porque el sol ha ido girando. Hasta que en unos meses dé de frente y se vaya temprano.
Hasta que, en unos meses, ya no haya nada de que hablar. Nada importante.
A veces, el futuro que imaginamos resulta ser así de efímero.



