Pesadilla.
Esta noche he soñado con 'M'.
Hacía... no sé, mucho tiempo. Seguro que para localizar la fecha me bastaría con repasar este blog, porque supongo que hable/escribí sobre ello, pero no voy a hacerlo. Esta noche mi último sueño 'consciente' (esto es, el último que me quedó en la mente antes de despertame) fue con él. Y..., y la verdad es que ha sido un sueño raro. Muy real, eso sí. Tanto, que pertenece más bien al ámbito de las pesadillas.
Era 'M' y era mi último trabajo. Ése horroroso al que me he tenido que dedicar desde la segunda semana de julio hasta el pasado martes (y que no puedo descartar del todo que no tenga que volver la próxima semana, aunque es lo último que espero y deseo hacer). Era 'M', creo que con el aspecto que tenía la última etapa que pasamos juntos, los últimos años (esto es, no en la época en que fue mi jefe) y era, en esencia, mi último empleo. No era el mismo lugar. De hecho, en el recuerdo del sueño, que se va difuminando por minutos, que digamos se diluye en el olor a café, el aire templado que entra por la ventana y esta luz que anuncia más calor, otro día más de verano caluroso y seco en Madrid..., aparecen imágenes como el barrio en que me crié y sus actuales obras de 'renovación total del pavimento', aparece algo que puede ser un cruce entre mi dormitorio (al menos, es la luz de mi dormitorio, la luz natural) y una de las muchas aulas en que estudié en mi vida... cosas más allá del antro donde la Empresa tiene sus instalaciones. Pero también está aquella horripilante luz artificial y el aire a sitio cerrado...
¿Qué relación pueden tener 'M' y el recuerdo de mi relación con él y ese trabajo de mierd...? Pues no lo sé. Bueno, claro que lo sé: el aire a decepción.
Lo he contado, más ó menos superficial ó detalladamente, otras veces: cuando conocí a 'M' fue en una entrevista de trabajo, que no buscaba otra cosa que, eso: trabajo. Él, al parecer, buscaba una persona muy responsable, muy conocedora del sector a que se dedicaba su empresa y sobre quien iba a depositar la responsabilidad de dejarle a cargo una nueva sucursal que pensaba abrir. Y yo buscaba un cambio de trabajo... al constatar que los dueños de la empresa en que entonces trabajaba tenían bastantes menos aspiraciones de prosperar, en su propia empresa, de los que tenía yo dentro y con respecto al futuro de la misma. El mediador entre 'M' y yo era un antiguo jefe mío, con quien podía haber tenido mis diferencias (básicamente, debidas a los celos patológicos de su mujer) y con quien no podía volver a trabajar... pero que me conocía lo bastante, conocía a mis entonces jefes... y decidió que si alguien podía cumplir con las expectativas que 'M' tenía con respecto a qué tipo de persona necesitaba para cubrir ese supuesto futuro empleo... era yo. Así que nos conocimos en una entrevista de trabajo. Quizá la más rara de mi vida, puesto que quedamos casi fuera del horario 'habitual' de trabajo... y el asunto se prolongó tres horas, con una especie de 'prueba práctica' sobre el trabajo a desarrollar, contemplación de la puesta de sol a solas, paseo en su coche y un 'vamos a tomar algo' en un pub del municipio donde vivía él entonces. Y, claro, confidencias por su parte no buscadas por mí, proposiciones varias y aquel 'no sé cómo he pasado todos estos años sin conocerte' que tendría que haberme hecho desistir... pero no lo hizo.
Supongo que, en el fondo, sus planes laborales me interesaban. Aunque no habláramos de sueldos y aunque me constaba que éste no iba a ser ni mejor ni superior al que ya tenía: era otra cosa. Era, eso: hacer otras cosas.
Y empecé a trabajar con él, aunque dos días antes me recuerdo perfectamente, como 'vista desde fuera', sentada en la cama con las piernas cruzadas y dicièndome: 'bruxana, creo que vas a cometer la mayor equivocación de tu vida'.
Pero ya era tarde: lo tenía decidido.
Y eso es lo que, tal vez, me hace relacionar aquello con esto. Ese momento en que, bajando hacia el sitio donde iba a trabajar, este once de julio, una vocecita, cual Pepitogrillo, me repetía al oido: 'no vayas, date la vuelta, regresa a casa. Hay otros trabajos, puedes estar unos días sin trabajar y no pasa nada. No vayas, date la vuelta...'. Pero fuí. Y me arrepentí. Y, dos días después, volví a arrepentirme al firmar el contrato con aquellas condiciones... que rozaban la semiesclavitud.
La misma sensación. Con la salvedad de que, con 'M', todo sobre el papel parecía perfecto... Y que en este horror de trabajo... ya sobre el papel se veía claramente que era un fraude de trabajo.
En mi sueño, 'M' era uno de los coordinadores... ó tal vez supervisores, de la Empresa. Y es como si nos encontrásemos cuando yo ya llevaba días allí. Como si al volver... qué sé yo, de esta 'interrupción de contrato' en que me encuentro ahora, lo descubriera allí. Y, en vez de saludarnos con sorpresa... pasásemos de la mutua ignorancia... a algo que los demás van percibiendo como un exceso de conocimiento del otro. El trato entre dos personas que, igual, tampoco estan obligadas ni a saludarse... pero que claro que lo hacen. Y que, sin explicar nada ni decir que ya se conocen de antes... actuan como lo que son: antiguos conocidos. Muy conocidos. Y con pequeñas rencillas sin resolver, y con un conocimiento... que sobrepasa lo meramente laboral. Con esa ligera tensión sexual que, siempre y hagamos lo que hagamos, va a quedar entre dos personas que en un momento dado de su vida también incluyeron eso, el sexo, entre el resto de los matices de su relación.
¿Si 'M' sería capaz de trabajar como 'responsable' en una Empresa como ésta, que engaña, que acepta Campañas de televenta consistentes en estafar a la gente, que no respeta a los trabajadores ni los horarios pactados, ni asegura el sueldo, ni....? Pues... me gustaría decir que no. Pero... me temo que sí, que sería capaz. Porque ahí viene ese aire a decepción. Eso que a los dos meses de trabajar con él me llegó de un modo tan claro... aunque, aun así, seguí con él dos años. Eso que, años después, ví que seguía haciéndole a otras: la vida imposible para conseguir que se fuesen voluntariamente... y así ahorrarse posibles indemnizaciones por despido...
Alguna vez he dicho/escrito que un día conseguiré enfrentarme completamente a lo que fue mi relación con 'M'. Y que no fue tan edulcorada como en alguna ocasión he intentado dar a entender... Pero no será ahora cuando hable de ello...
Como empezaba diciendo: ha sido un sueño raro. Una pesadilla. Un 'M' buscándome las vueltas, sabiendo que no va a encontrar ni en mí ni en mi trabajo el menor error, la menor fisura, el más mínimo fallo para poder reprocharme nada. Un 'M' ejerciendo de sí mismo ante alguien que a partir de un momento dado, demasiado pronto, empezó a sentir por él algo más que un sentimiento de amistad... y que empleó eso en propio beneficio y como arma de castigo. Un 'M' que, en mi sueño, coquetea abiertamente con alguna supuesta compañera de trabajo, pondera su quehacer..., busca darme celos. Celos que ya no tengo. Historias que me dan igual...
Sueño raro. Pesadilla.
Vuelve a hacer demasiado calor.
'M' ya no está en mi vida ni creo que vuelva a estar nunca, más allá de algún sueño no buscado y esos recuerdos que van a vivir siempre conmigo. Y ese trabajo..., pues, de momento, ya no es 'mi' trabajo. Y, sinceramente, pienso hacer todo lo posible por resistir la tentación... por mal que vayan las cosas, y no volver a él dentro de una semana.
Que ambas cosas se queden en, eso, argumentos cruzados para pesadillas en noches de verano demasiado calurosas. Noche de luna llena de agosto, esa luna tan peligrosa...






madurando-dia-dia dijo
igual no has aparcado a M nunca, por eso tu subconsciente se rebela contra ti relacionándolo con cada uno de los trabajos que te desagradan.
no se.. en realidad nunca te leí tanto como ahora lo hago.
14 Agosto 2011 | 01:41 PM