Agosto de 2011.
Dentro de un rato habrá terminado agosto. Este agosto extraño de 2011. Extrañamente caluroso, entre otras cosas. Agosto de noches que, a pesar de ser cada vez más largas, de avanzar hacia la oscuridad (también lunar: casi empezó y terminó con luna nueva, que es el estado de no-luna. No-luna de agosto), se hacían eternas por ese calor de julio. El calor que este año lleva con los madrileños desde el mes de abril... pero que, en vez de tener su momento álgido en los días más largos y secos del año, allá hacia comienzos de julio, nos ha venido a sofocar en este mes octavo, el último del año que no tiene por nombre la referencia a un número.
Este mes que se presentaba ordenadito y razonable, al comenzar en lunes. Un mes que empecé con el firme deseo de un cambio de trabajo: que me despidieran, que me despidieran cuanto antes, no pasar el periodo de prueba, salir de esa pesadilla que era mi rutina laboral de 35 horas semanales por convenio de telemárketing. Desear el despido en el peor momento para encontrar trabajo: pleno mes de agosto...
Y, sí, lo conseguí: interrupción de campaña la segunda semana de agosto. Con 'compromiso de retorno', primero, con fecha día veintidós; luego, a finales de mes; al final...
Al final dediqué la última semana a una 'formación selectiva' donde yo ya estaba 'seleccionada' de antemano, desde que a primeros de julio envié mi currículum, desde que a mediados de ese mes me entrevistaron. Un trabajo que tampoco me va a aportar nada más allá de un sueldo de mera supervivencia..., pero que, al menos, es un sueldo porque es un trabajo. Y seguiré buscando algo mejor.
Agosto. Este agosto raro al que no enlazo ninguna 'canción del verano'. Un agosto sin piscinas, sin más olor a bronceador que el olor a coco que se percibe al acercarse a la puerta de mi casa: es uno de los olores que me gustan, olor a aceite de coco. Olor a sol de una casa que tengo casi siempre en penumbra. Agosto en que apenas he variado de ropa: total, si durante los primeros días tenía que hacerme a la idea de que llevaría uniforme para hablar por teléfono... y eso conllevaba ponerme pantalones oscuros y algo en la parte superior fácil de cambiar por la camisa, blanca ó negra, según campaña. Y luego.., luego algunos días ni siquiera salí de casa. Limpieza, intendencia doméstica. Pocas ganas de hacer nada.
Agosto en que mis fantasmas personales han campado a sus anchas, quizás aprovechando la penumbra mencionada, la luz mutante de mi dormitorio, el calor, la repentina brisa calurosa que movía las lágrimas de cristal de la lámpara sobre mi cama. Fantasmas que también a mí me provocaban lágrimas. Agosto de decidir firmemente... lo que unas horas después sabía que no iba a hacer.
Agosto de comer mal y a destiempo, precisamente por tener la posibilidad de organizarme con horarios normales de vida. Agosto de trenza en el pelo e intenso olor a vainilla en la piel: qué estupendas son algunas cremas corporales, qué sensación de ser un caramelo, un postre dulce. Un dulce que nadie iba a aprovechar. Agosto raro, ya sin aplazamientos por no fijar nuevas citas. Agosto en que, en ese sentido, no..., no me puedo quejar. Nunca me he quejado (no tengo derecho a hacerlo), pero este agosto menos. Porque también en este sentido empezó bien...
Habría estado también muy bien, de auténtico lujo, poder haber hecho la despedida de este agosto en compañía. En su compañía. Hacer la transición de agosto a septiembre... Pero sé que lo que no es posible pues no puede ser.
Agosto que se va en un rato. Sin dejar huellas..., ó, sí. Claro que deja huellas. Este post. Otros post en este blog. Agosto del 2011.
Dentro de un rato, agosto será historia. No lo voy a echar de menos. Lo único que me interesa recordar de este agosto lo tengo ahí, bien presente: no se me va a olvidar. Memoria táctil, además de la fotográfica.
Mañana ya es septiembre. Ese mes que... en fin, que si tengo que volver la vista atrás, es el mes que tiende a cambiarme la vida a medio plazo. El mes en que sigo empezando el año: nueva agenda, planes inmediatos, navidad que cada vez parece estar más cerca. Mes nueve, aunque en su nombre quede claro que es el séptimo.
Mañana empiezo un nuevo trabajo. Sin demasiadas expectativas: trabajo de transición mientras encuentro algo mejor, simplemente. Trabajo para tener una excusa y no volver a ese otro del que me liberé en agosto.
Fin de este agosto raro, demasiado caluroso.
Por la ventana, se diría que fuese a llover esta noche. Sería una buena señal.
Empiezo septiembre sola, como siempre. Pero igual la lluvia viene... Sería un buen augurio.
Quiero volver a creer en las señales. Igual tampoco sirve de nada, pero... Septiembre podría ser un buen mes.





bird dijo
Al aire: En general, no crees que dedicas demasiado tiempo a temas sin futuro en lugar de invertir tu tiempo "trabajando" para lograr cambios más duraderos? No es como si manejaras el timón sólo cuando viene el viento pero no para marcar una ruta? En general, en todo. No es una crítica eh! sólo una reflexión. Besines.
1 Septiembre 2011 | 11:17 AM