Semana larga y rara.
Primera semana de octubre. Completamente 'en octubre', me refiero. Eso sí: seguimos en verano, diga lo que diga la teoría de 'el otoño empieza el 22 de septiembre'.
Semana larga y rara. Larga en el sentido de que, si miro hacia atrás... me resulta poco menos que increible que algunas cosas pasaron hace menos de 7 días. Y rara... porque ha sido eso, rara. Una de esas semanas de 'tiempo chicle': se alarga y alarga y alarga... y, cuando una se para a pensarlo, en realidad no ocupa más que unos centrímetros. Y arreguñados, además.
Mi trabajo da para reabrir el blog paralelo que abrí al respecto hace casi dos años... y que tengo abandonado desde hace uno y pico. El problema es que, también gracias a mi trabajo, no tengo tiempo para reabrirlo. En realidad, casi no tengo tiempo ni para éste, así que tendrá que esperar.
Lo que decía: semana intensa.
El lunes despidieron, sin más ni más, a dos compañeras. Indefinidas en la empresa, con una antigüedad de unos siete años. ¿Razones? Que la nuestra es una Campaña de ventas... y apenas vendían. Bueno, en realidad apenas vendemos ninguna, porque el producto es malísimo y las bases de datos de clientes absolutamente infumables. El uno de septiembre empezamos siete nuevas contratadas 'por obra y servicio', uniéndonos a cinco indefinidas de la empresa. En total, doce personas. Bien. A los dos días, una baja voluntaria: claramente no tenía la menor intención de dedicarse a algo tan aburrido y con tan poco porvenir como estaba clarísimo que era esto, así que como tenía otra oferta... ni se lo pensó. La segunda baja fue a la semana justa de empezar: bajos resultados. La tercera, a mediados de la siguiente semana. Las cuarta y quinta fueron con unas horas de diferencia... y ya la cuarta semana, antes de completar el mes de prueba. En todos los casos, la razón alegada fue la misma: bajos resultados. Los bajos resultados de la propia Campaña, en realidad. Yo misma estuve una semana completa (la primera, con la salvedad del primer día) sin vender absolutamente nada. Luego ya 'remonté'... y durante días prácticamente los resultados diarios de la Campaña consistían en mis ventas... y alguna más. Creo que fue ya la última semana de septiembre cuando un día llegamos a las diez ventas... entre al menos siete personas. Desastroso.
Pero como en el grupo había personal indefinido... era obvio que los despidos seguirían siendo de las que entramos para la Campaña en sí. Hasta que nos despidieran a todas... y, finalmente, les quitasen la Campaña y la Empresa recolocase a las indefinidas en otras Campañas. Lo habitual.
Pues no. El lunes, dos despidos. Con sus indemnizaciones de cuarenta y cinco días (ó veintidós, probablemente) por año trabajado. Que como se van enlazando Campañas... no sé cuanto tiempo realmente les computaría. En cualquier caso, decisión incomprensible: ¿no sería más fácil y barato recolocarlas en otras Campañas, sobre todo teniendo en cuenta que era gente apreciada en la Empresa? Pues no.
Surrealista.
El martes despidieron a otra indefinida. Despido completamente injusto: entre enfermedades y tal, apenas si había estado diez días.... Una señora estupenda: simpática, cariñosa, educadísima... No he visto tanta lágrima junta en una empresa como las que ví esa mañana: lloró hasta el perchero. También ví lágrimas de cocodrilo..., pero eso es otro tema. También el martes tuvimos reunión: dos señores con traje y gomina, representantes de la Aseguradora; un portugués sin corbata con pinta de indio y una catalana con ojos de alucinada y ortodoncia, que le iba haciendo la libre traducción simultánea al portugués (por eso indico lo de 'calatalana': la traducción era de lo más libre... y con acento del Ampurdán); nuestra coordinadora, Fresita de Cartagena; nuestra Supervisora, Bel; alguien que viene a ser noséqué-queseyó de Productos y Calidad (?????); la Jefa Suprema, prima de Morticia; y la Coordinadora de otra Campaña, que no sé para qué vino (imagino que para ver señores con traje, que en este ambiente tienen mucho éxito entre el público femenino). Y luego nosotras: las dos supervivientes de contrato 'por Obra' y dos indefinidas... que vienen a ser como Epi y Blas, pero en plan diálogo de besugos. Algo tipo 'no me grites que no te veo'. Una trabajó en un bingo durante años... y el aspecto de señora del tabaco no lo ha perdido. El maquillaje se lo debe aplicar con espátula: supongo que las luces del bingo lo hacían imprescindible. Y la otra... cómo definirlo... Bueno, para hacerse una idea diré que se pasea por la Plataforma con una manta fucsia atada a la cintura, que los clientes le dicen cosas como 'guapo, que ahora no te puedo atender' (sí: guapo) y que habla con el gato... que, lógicamente, está en su casa. No: no habla con el gato en su casa (igual también), sino que habla con él... estando ella allí. Claro que el gato no responde porque no está. Bien. Pues la ex-Señora del Bingo contando a los presentes que el fin de semana había estado de mercadillos regateandole a 'los negros' el precio de los bolsos falsos, y que se los dejaron a diez euros (muy falsos debían ser, digo yo). Y la catalana de la ortodoncia traduciéndoselo al portugués sin corbata. Y los de la Aseguradora pidiendo que propusiéramos alguna solución porque la Campaña no arranca ni a la de tres. Y cuando, por fin, medio se acepta algo que llevamos días pidiendo, salta la de la manta fucsia con un sonoro 'pues no entiendo nada' que me recordó al anuncio aquel de la niña de la aspirina y la semillita... cuya muñeca no se había enterado del asunto. Algo así. Todo muy serio, muy de reunión de negocios.
Por no hacer esto eterno: el miércoles vino gente nueva a incorporarse (tres chicas). Parte de su formación previa de tres días consistió en hacerles escuchar grabaciones mías, de mis ventas y argumentaciones para vender. El punto gracioso es que por teléfono y vendiendo... no parezco yo, por lo que puedo jugar al despiste. Claro que en cuanto me las enchufan a escucharme en vivo vía teléfono... se desvela el misterio. También nos 'premiaron' con una Tarjeta Regalo... por salvar la Campaña. Agridulce sensación... tras tanto despido.
El jueves la semana se me estaba haciendo eterna. Fresita de Cartagena me contó de sus andanzas andaluzas cuando fuí a verificar con ella una grabación de una venta, despertando los celos (la conversación, me refiero) de la Señora del Bingo, que se dió un par de paseitos a ver qué hablábamos. Personajillo siniestro: envidiosa, mediocre..., muy mala persona. Su frase del día, referida a las nuevas incorporaciones, fue 'de fuera vendrán que de tu casa te echarán'. En fin. Es patético que alguien se aferre a algo tan limitado, tan de supervivencia como este trabajo. Es patético no poder aspirar a más en esta vida. Y es aún más patético que para ello se dedique a malmeter. Su objetivo soy yo, desde que llegué. El problema, su problema, es que como a mí esto me trae sin cuidado, pues... no hay discusión posible. Eso sí, el día en que la mande a tomar... viento fresco, el problema va a radicar en que no se va a enterar ni de qué le he dicho. Ya digo: mediocridad.
Y el viernes..., el viernes por fín se terminó la semana. Con la Señora del Bingo dando muestras de que no se puede ser peor persona (ya, ya escribiré sobre ello). Con un día de jornada reducida (seis horas y media) que se me hizo eterno. Y con esa sensación de estar perdiendo el tiempo que no, no se me quita con nada....
Semana larga y rara.
Sólo la tarde-noche-mañana del martes al miércoles salvó la semana. Mi semana. Pero..., pero eso forma parte de otra historia, de otro post. Un post futuro. Sobre cosas más agradables que este sector profesional en que no me queda más remedio que estar, por pura supervivencia....



