No ser futuro en este presente.
Sé lo que hay. Como ya he dicho/escrito alguna que otra vez, sé lo que hay; en el fondo, lo he sabido siempre, aunque alguna vez... quizás al principio... No: en realidad, en lo más profundo, siempre he tenido las cosas claras. Aunque quizá hubiese querido poder equivocarme, siquiera esta vez.
Sé lo que hay. Y lo sé porque nunca, nunca desde hace ya demasiados años, he dejado de tener claro qué soy, quien soy, a qué puedo aspirar... y qué puede sólo pertenecer al mundo de los sueños. De las aspiraciones a las que en realidad no es posible aspirar.
Sé que lo que he tenido es eso, lo máximo que podría llegar a tener. Que, incluso, ha sido mucho más ..., que hay cosas que estaban y están fuera de mi alcance, y, sin embargo, estuvieron ahí... Que casi llegué a creerme que los sueños, a veces, hasta se cumplen y todo, y se puede vivir dentro de ellos. Casi lo llegué a creer..., casi. Pero en el fondo, siempre supe diferenciar los espejismos. Encontrar casualmente un oasis no significa que el desierto haya de pronto mutado en jardín inglés.
Sé, y quizá siempre lo supe, que cuando las condiciones teóricas diesen a entender que se habían acabado los obstáculos que entorpecían algunas cosas... realmente sería cuando empezase el fin definitivo. Porque durante meses nos respaldamos en eso, en esas imposibilidades circunstanciales... para justificar la distancia. Y cuando las cosas, en teoría, empezasen a volver a la normalidad, pues...
Cuando esa 'normalidad' regresase, simplemente ya no quedarían excusas. Sin más. No quedarían refugios.
Y yo, en el fondo, siempre supe que cuando llegase ese momento también llegaría el fin. Cuando todo fuese más fácil, yo ya no tendría lugar ni espacio para estar. No sería futuro en ese presente, no sería presencia ni opción. Ni nada.
Porque siempre he sabido quien soy, qué soy. Porque sé que mi papel es el que es, que es estar escondida, que es estar esperando. Aceptar cualquier cosa, rebajar día a día las pretensiones. Sentirme mil veces estúpida por haber llegado a pensar que, quizás esta vez sí, que igual en esta ocasión tenía alguna opción. Pero no. Tampoco esta vez.
Ni nunca.
Hace... demasiados años..., muchos... me quedó clara una cosa. Me hizo daño, pero en el fondo no fue sino porque algunas verdades duelen, sobre todo cuando quien te las dice es alguien por quien habrías sido capaz de cualquier cosa. Aquella tarde me dijo que si era lo suficientemente discreta, si no molestaba, si simplemente sabía estar esperando... igual hasta podría estar conmigo con una relativa frecuencia. Se convirtió a sí mismo en el premio que podría yo recibir si... eso, si era lo suficientemente buena.
Aquella misma tarde decidí dejarle. Aunque igual no fue por eso. Ó sí, también. Ó fue porque claro que podría seguir esperando el 'premio': total, a aquellas alturas ya estaba acostumbrada a sus desplantes y tantas cosas de las que nunca hablaré, que... Quizá realmente decidí terminar con todo aquello, de raiz y sin explicaciones porque aquella tarde fue la primera que le pedía algo. Le pedí un beso y me lo negó, ofendidísimo... cómo se me podía ocurrir que pudiera besarme casi en público...
Absurdo, cuando tantas veces lo había hecho...
No volví a pedirle algo así.
Y, desde entonces, no he vuelto a besar a nadie... más allá de la cortesía, en público. Sin más. Por mucho que haya podido desearlo.
Hay cicatrices que nunca terminan de curar.
Y lo que de veras me quedó claro aquella tarde es que, en realidad, él tenía razón. Que sólo si soy capaz de ser discreta, de no pedir nada, de no buscar ni pretender, de no dejarme ver, de disimular, de... de no existir apenas, igual consigo el premio. Igual tengo opción a, siquiera, participar en el sorteo...
Porque, mucho tiempo después, muchas tardes después, reanudé aquella historia. Y, de nuevo, creí que las cosas eran posibles. Me dijo que era posible... y, casi, me lo creí... Y muchas tardes después, muchos años después de discrección para poder aspirar a estar a su lado, ví perfectamente claro cómo al final todo había sido inútil. Como había aprendido a ser cada vez más invisible, más discreta, más... más presente y escondida... para cada vez obtener menos.
Supongo que, simplemente, porque es eso lo que merezco y punto.
Por eso sé que no puedo aspirar a más. Por eso no entiendo porqué me empeño en soñar, a veces.
Igual es porque, algún momento, he visto que siquiera durante unos minutos los sueños van y se cumplen. Ó porque algo en mí se niega a reconocer lo que es tan evidente, lo que siempre lo ha sido...
Ó porque a estas alturas de la película, y sabiendo que tengo todo el tiempo en contra ó cada vez menos tiempo... ó, peor, todo el tiempo del mundo para no conseguir nada... a estas alturas, aún algo en mí se rebela. Algo que no conseguí matar. Aunque también eso, ya, dé igual.



