Y "todo se magnifica" un ratito. Sin más.
Mi sector profesional (el actual, no el 'de verdad'... aunque igual también ése...) tiene bastante de 'realityshow'. De la esencia del reality televisivo por excelencia. Al menos, en lo de que 'aquí dentro, todo se magnifica'.
Pues eso.
Los días son eternos. Cuando llego, a la una del mediodía, suelo pronunciar más ó menos lo mismo todos los días: no tengo ganas de hacer nada. Y no es una pose: es que no tengo ganas. Mejor dicho, claro que las tengo... pero no de pasarme allí encerrada ocho horas, con el casco-diadema-teléfono en la cabeza, enganchada al ordenador... sin hacer nada de provecho. Ofreciendo un producto completamente inservible a quienes ni han pedido información sobre el mismo, ni lo necesitan..., ni, en la mayor parte de los casos, se lo pueden permitir. Intentando vender seguros de accidentes por teléfono. A residentes en la España Profunda más profunda. Y no lo digo como algo peyorativo, sino como una realidad, que hay veces que ni sabemos dónde demonios caen algunas poblaciones. Más: que algunos clientes me llegan a dar como dirección un apartado de correos... porque viven en una habitación de un cortijo en mitad de la nada y 'señorita, es que aquí no llega el correo'. Literal. Y alucinante.
Como literal y alucinante es que una mujer te diga que le puede interesar la propuesta, pero... 'es que antes se lo tengo que contar a mi novio'. "Bueno, ya sabe que si quiere puede incluir a su pareja en la póliza, con las mismas condiciones, siempre y cuando estén casados ó sean legalmente pareja de hecho". "No, no: es sólo mi novio. Pero no puedo contratar nada sin su permiso". "¿Tienen la cuenta bancaria conjunta, tal vez?". "No, pero le tengo que pedir permiso para las cosas"
Y tras la conversación, abrir la ficha de datos de la clienta en cuestión... y ver que tiene 23 años. Que trabaja, que aparece como titular de un préstamo personal... pero que, a la hora de contratar un seguro de accidentes particular, tiene que pedir permiso a su novio....
Pues eso. Y no es un caso aislado: tenemos chicos de veintimuchos que es al padre a quien tienen que pedir autorización. Tenemos docenas de casos de gente que está agotando el subsidio post-desempleo. Y...
En fin. Que no era de esto de lo que iba a escribir.
Como decía, aquí todo se magnifica. Cuando despiden a alguien..., hale, ríos de lágrimas. Como si no se fuese a ver más a esa persona. Y ríos de lágrimas entre quienes se conocen apenas hace unas semanas. Cualquier pequeño enfrentamiento es una guerra. Una frase malinterpretada... inicio de las hostilaciones más virulentas. Y todos (más bien, todas: este sector es eminentemente femenino) encerradas en la oficina/sótano. Ocho horas al día.
Algunos días son eternos y no pasa nada. Mejor dicho: pasa, pero sólo allí tenemos esa sensación, de que están pasando cosas contínuamente. Luego se sale, el cansancio ayuda a desconectar... y volver al día siguiente es volver a empezar. Penélope retejiendo una vez y otra la misma manta, Sísifo venga a cargar con la piedra hasta lo alto del monte...
Los viernes trabajamos seis horas y media (para 'regularizar' el extraño horario del convenio de telemárketing... y más extraño particular nuestro: el genérico del sector son treinta y nueve horas semanales; el nuestro, treinta y ocho y media. Jornada parcial. En fin: sin comentarios). Pues ayer mismo esas seis horas y media dieron para mucho...
Reunión de grupo a poco de entrar (¿una hora, hora y algo?). Las reuniones se hacen en una especie de trastero, con mesas unidas, ordenador/proyector que no funciona ni podría proyectar nada porque está enfocado a una puerta y dos paredes de cristal, varias sillas de oficina con ruedas cojas... y espacio justo para entrar apiñaditas. Bien. Charla redundante por parte de las responsables de la Campaña. Que lo que hasta hace cuatro días era el método para vender y salvar la puñetera Campaña... resulta que ya no sirve. Obvio: se intentó abrir la mano con respecto a algunos 'fallos' a la hora de vender los seguros... y, claro, algunas se tomaron hasta el codo. Y ahora viene el Cliente (esto es, la Empresa Aseguradora) pidiendo explicaciones... y exigiendo calidad. Normal. Eso ya lo avisé yo... Bueno. Pues eso: charla. Charla/regañina en la que a mí me suelen dejar al margen (es más: que se me suele poner de ejemplo ó pedir que sea yo quien explique cómo hay que hacer las cosas... con lo poquito que a mí me gusta ese papel en un grupo de iguales) y donde a la Arpía Principal no se le ocurrió nada más genial que 'incluirme' en un 'ahora ya no podemos seguir haciendo así las cosas'. Tuve que contar hasta diez para no decirle lo que pensaba... y, quizá, con ello provocar mi despido... Que la Arpía es indefinida de la Empresa. Indefinida y ex-empleada de un bingo... ó igual una barra americana, no sé...
Conversación, mía, posterior con la Coordinadora del grupo: que la próxima vez que esa Señora Arpía ponga en mi boca cosas que yo no he dicho, voy a responderle. Hale: drama. Que, por favor, que no lo haga. Que seguro que ella no hace las cosas con mala intención: simplemente, dice las cosas como se le ocurren aunque no lo piense así. Que... Que, avisé: si de momento no le he respondido es por respeto a la Coordinadora. Pero... que si de pronto me vé darle dos gritos, ya sabe porqué es. Que se me está acabando la paciencia... Y la Coordinadora, Fresita de Cartagena ella, mirándome con cara de súplica: por favor, no lo hagas, déjala estar... Ya, ya veremos...
Llega una chica nueva. La 'enganchan' un rato a escuchar a una compañera (alivio personal: me las suelen poner a mí). Llega un montón de señores, y alguna señorita, con traje. Desaparecen acompañados de toooodos nuestros Jefes. Me ponen, antes de irse, a la chica nueva enganchada a mi teléfono, para escuchar cómo se hace este trabajo (absurdo: se supone que las incorporaciones son de gente del sector... en fin). Me la desenganchan al rato, al reaparecer los señores con traje, acompañados por coordinadoras, supervisoras, gente de recursos humanos, responsables de proyecto...
Cuchicheos. Se me acerca una de las responsables de Recursos Humanos. Que si no me importa que me 'enganche', para que me escuche, a nosequien de la Aseguradora. A mí qué me va a importar... respondo. A todo esto, me han rodeado los individuos con traje. Y la de Recursos Humanos, no sé si intentando hacerse la simpática, dice lo de 'a bruxana seguro que no le da vergüenza que esteis aqui, escuchando, vereis como no'. Y yo añado: 'no, ya sabes que a las actrices lo que nos va es el público: de hecho, nos debemos a nuestro público. Así que si ves por ahí a más gente que quiera escuchar, aprovecha que sigo aquí y que se vengan todos'. La mirada de 'casi-asesinato' de la de RRHH bajita no me es posible describir...
Momentazo/hora absurdo. Yo hablando por teléfono... rodeada de personal de la Aseguradora. Una escúalida con traje enganchada mi teléfono. Nada más sentarse, la primera estupidez: "Ah, seguro que ahora a quien vas a llamar es a este señor" (la ficha de la pantalla). "No: a éste le acabo de vender el seguro. Pero ahora ya te voy contando cómo funciona el programa". "Sí: nos explicas cómo funciona todo esto".
Ganas me dieron. De explicarles cómo funcionaba... todo aquello. Y conseguir en un pispás que nos quitasen la Campaña... Fuí buena: la maltrecha Campaña sigue allí.
En cuanto se me desenganchó la escúalida y se largó con los tipos con corbata y gomina... volví a vender. La tercera venta del día. A esas alturas no sé qué hora era... pero me subía por las paredes de claustrofobia: seguro que más de 3 horas sin moverme, entre unas cosas y otras...
Casi ruego a una de mis compañeras (la única que aun sobrevivía... del grupo de siete que entramos hace mes y medio) que salgamos a tomar el aire, por favor-favor-favor... Me pide un instante de tiempo: acaba de presentar su 'dimisión'. Baja voluntaria. Deja la Campaña (normal: esto hay días que no hay quien lo soporte). Sabe que le van a descontar quince días, no se va a algo mucho mejor... pero está claro que le compensa... Revuelo entre los múltiples jefes... Salimos un segundo a la calle: lo justo para que ella se fume un cigarro y yo respire mi dosis de aire madrileño contaminado.
Volvemos. Pero como siempre que viene el Cliente a vernos... despido. Despedida una de las comerciales. Era de esperar (es más, a mí la Coordinadora ya me lo había insinuado la tarde anterior: no hacían carrera de ella). Drama: lágrimas, abrazos, dudas, recelos... La Vida en Directo (en el sótano). Alucine generalizado (bueno, no: yo me lo esperaba. Y la Arpía del Bingo está secretamente celebrándolo, como siempre que echan a alguien aquí). Le paso a la Despedida el paquete de kleenex (ya los compro por formatos industriales, casi, y los tengo a mano: visto lo visto). Fresita de Cartagena no sé bien si estaba intentando consolarla ó pidiéndole que le devolviera...qué sé yo, la tarjeta identificativa, ó todo a la vez.... pero lo que consigue es que la Recién Despedida se mosquee y llore más, diciendo a la Coordinadora que si es que no se fía de ella y cree que se va a llevar material de la Empresa (no sé yo qué material... si nos dieron un cuaderno y un boli... y por allí no hay de nada). Más lágrimas. Propongo a mi última compi, la de la Baja Voluntaria, que nos vayamos a comer al office... que son las cuatro de la tarde y ya no sé si igual me está bajando el azúcar... ó es que no puedo en mí con tanta emoción. Bueno, sí que puedo: creo que es mientras ella prepara la bolsa con el tupper cuando hago la cuarta venta del día. Cuarta y última, que ya está bien.
Perplejidad general en lo relativo al Despido y la Baja Voluntaria. Bueno, igual no tan general... ó lo que me sorprende es la perplejidad, ó.... El caso es que la Recién Despedida se une a nosotras en el office... y nos explica bañada en lágrimas y casi en cocacola las razones de su despido: que le han dicho que, en vista de que no va a aprender más... mejor que se vaya (ó algo así). En ese momento calculo y me doy cuenta de que no lleva ni el mes de prueba... que creo fue el día seis cuando llegó, con otras dos chicas. Más lágrimas. Terapia (en esto somos expertos en el sector. Ó igual es que tras pasar por la Empresita Naranja, cogí práctica... en lo de presencia terapias entre teleoperadoras). La Baja Voluntaria intentando que la Despedida Forzosa entre en razones... y se dé cuenta de que los despidos en esta Empresa son así de arbitrarios. Que el hecho de vender (porque la Despedida es lo que no comprende: que la echen cuando, más ó menos, estaba vendiendo) no es motivo para quedarse... ó, al menos, no lo es para evitar el despido. Más lágrimas. Antes de hacer un charco, propongo traslado a la calle: también porque en la mesa de al lado están nuestra Supervisora, el Responsable de Proyectos, la RRHH bajita, una especie de Prima de Morticia que es la Jefa de nuestros Jefes... y, claro, no es plan...
Centrica calle de Madrid, puerta del callcenter. Intentando animarla (ó ponerle un ejemplo, ó, ó yo que sé) la Baja Voluntaria le dice, que, puestos a buscar razones donde no las hay (claro que las hay... pero no es cosa deprimir aún más a la pobre Despedida) que piense que, igual, simplemente la echan por envidia. Porque es 'alta, rubia y delgada'.
En qué hora le puso el ejemplo... porque se lo tomó en serio. Es más, empezó a deducir que era por eso por lo que no la cogían en algunos trabajos, ó la despedían de otros. !!!Era envidia porque es rubia y tiene buen tipo!!!!
No se pueden poner ejemplos con un punto irónico... a quien no tiene sentido de, eso, el doble sentido de las cosas... Y que esta pobre Despedida no lo tenía ya lo sabíamos. De antes.
En fin. Que tras intercambiar emails, teléfonos, direcciones del feisbuk, besos, abrazos, despedidas definitivas, cuchicheos entre quienes nos quedamos, frases no tan cuchicheadas y declaraciones de cansancio acumulado mías, despedidas de los Jefes (que se van antes... y, en algún caso, de vacaciones. Y en otros, que tenían que despedirse de la Baja Voluntaria), nos dieron las cinco y media. Y propuse foto.
Y la jornada terminó con, eso, foto de grupo con el autodisparador de la cámara. Que otra cosa que me traje de la Empresita Naranja es esto, la costumbre de las fotos de despedida...
Bueno, no terminó en esto la semana, que mi horario claro que termina a las cinco y media... pero el de la Baja Voluntaria acababa a la seis. Así que hasta la seis que estuve, dándole conversación a Fresita de Cartagena, haciéndole los cálculos de productividad y ratios de venta, traduciendo el 'de las veintiseis ventas de ayer, sólo he podido salvar veinte' en un, dicho en voz alta por mí, 'eso es un veinte por ciento de ventas mal hechas. Ó sea, un desastre de Campaña. Algo está fallando' (no añadí el 'y no soy yo': la Arpía del Bingo también estaba allí, y no era plan provocar más. Aunque a esas alturas yo ya no estaba en horario de trabajo...).
Y más besos, y más abrazos, y más... Aggg... qué forma de magnificarlo todo....
Y, como el deseable plan previsto para esa tarde/primeras horas de la noche se me había desconvocado (ó aplazado ó ya no sé qué) por sms-vibración mientras estaba rodeada de señores con traje y con una escuálida enganchada a mi teléfono... pues...
Que terminé cruzando El Retiro con mi recién perdida compañera, Baja Voluntaria. Y haciéndonos unas fotos bajo la Estatua del Angel Caído.
Qué mejor modo de terminar un día tan intenso de una semana tan intensa... de ésas que, vistas desde la realidad de esta tarde de sábado, en realidad, pasan sin pena ni gloria. Pues eso. A los pies de la caida hacia el Infierno. A 666 sobre el nivel del mar.





kilifa dijo
Si te cuento como estan las cosas en mi curro, con bajas en los ultimos meses y sin sustituir ninguna...lo tuyo te pareceria mucho menos, estoy segura. Empecé recogiendo mesas, y ahora igual hago la comida para el restaurante, que frego los platos, que recojo la cocina...todo, haciendo lo mio tambien!!
en fin, todos tenemos que aguantar.
Y sobre lo de la Ex binguera...ejem...yo trabajé cinco años en un bingo, por lo que tambien se me podría llamar así. Y no es un mal trabajo. Se curran muchas horas, se gana poco para lo que trabajas, y encima (para muestra un botón) la fama te persigue después...
cambia el chip nena. El haber trabajado en un bingo, no te "etiqueta de nada".
Perdona, pero me tocó hondo. He visto mucha gente que habla mal de las chicas que trabajan de noche...y quizás antiguamente estaba mal visto que una mujer aceptara trabajos con nocturnidad, y encima aguantando a "viciosos". pero no olvidemos que vender cartones de bingo, no te hace más liberal, o más "suelta".
besitos
23 Octubre 2011 | 08:11 AM