Fin de noviembre. Reflejos de azul.
Doce de la noche. Cero horas del último domingo del penúltimo mes del primer año de la segunda década del sigo veintiuno.
Una semana sin escribir nada aquí. Tomando notas someras en trocitos de papel que luego extravío ó destruyo. Redactando mentalmente post enteritos, redactando físicamente también ayer uno con letra mayúscula rápida y boli bic azul en cuaderno de cuadrícula azul y tapas azules, entre mamparas de plástico del mismo color, azul, en un sótano donde sólo se puede imaginar el cielo, inigualablemente azul, del centro de Madrid. Redactar, guardándolo doblado e inacabado en el bolso, para que se extravíe entre tickets del súper, bolsitas de plástico portasandwichs perfectamente anudadas sobre sí mismas, paquetes abiertos de kleenex naranjas perfumados, barra de labios roja de precio prohibitivo que sé no podré volver a comprar y que apenas uso y no sé porqué insisto en llevar cada día encima y que se escapa del neceser-portamaquillaje, anillas de llavero sin llaves, trocitos de cadena metálica y cuentas de collar y canicas... y ésas cosas que voy encontrando y que soy incapaz de no recoger. Mil cosas que se acumulan en mi bolso también azul, plexiglás azul, en estos días.
No voy a copiar y publicar ese post; no hoy, al menos. No sé bien porqué..., ó, sí, claro que lo sé. Supongo que porque da igual. Ó porque algunas cosas que no son inmediateces pueden ser publicadas en cualquier momento. Ó porque igual en el fondo confío en que esas dos hojas de bloc llenas de letras azules naufraguen en el fondo del bolso: igual ése era su destino.
Pasa de las doce de la noche, sábado al domingo. Acabo de cerrar la ventana de mi dormitorio, que abrí hace catorce horas.Duermo mal, tengo calor, me destapo, termino por quitarme la camiseta veraniega de algodón con que paso la noche a veces. No entiendo la obsesión por mantener encendida tantas horas la calefacción del edificio, cuando en la calle a mediodía los termómetros pasan de los veinte grados. Esta tarde he comprobado cómo entra el sol e invade mi comedor a media tarde: cosas de la orientación sur; descubrimientos, sorpresas de apenas parar en casa. La última vez que pasé allí la tarde debía ser comienzo de otoño: el sol apenas si se atrevía a entrar de solayo y estrellarse contra el televisor, desvelando impúdicamente el polvo que la electricidad estática acumula en la pantalla, por mucho que se quite un rato antes. Hoy he comido con sol directo, oro anaranjado; he tendido la toalla rosa grande del baño mientras se iban los últimos rayos. A poco más de las seis ya era de noche en la calle y en casi todo el cielo. Sólo un gajito de luna y una estrella enorme: Venus. Y oro y fucsia bordeando los edificios hacia el suroeste.
Cosas de noviembre.
La semana ha sido rara. También laboralmente hablando. Cada día me recuerdo que debería empezar a moverme, buscar otra cosa. El sueldo no me da más que para sobrevivir... y, me temo, sigo 'tirando' de los restos de la cuenta del banco. Al borde del rojo: números rojos. Ya no da más de sí. No sé cómo voy a pasar estas navidades, francamente: estoy en una campaña de ventas donde, pese a vender, no cobro comisiones. Y este año, además, tampoco tengo paga extra: me lo incluyen todo en la nómina. Nómina que ni se acerca al mileurismo... Patético. Sé que debería empezar a buscar otra cosa... pero me repito lo mal que está todo y me refugio en que son malas fechas y...
En enero sí: tengo que empezar a buscar otra cosa. Si es que mis finanzas y yo somos capaces de pasar las navidades. Si es que no se termina antes mi contrato y, entonces, la situación va definitivamente a peor y, también definitivamente, ya sí que no me queda más remedio que buscar otra cosa... y terminar aceptando algo tan bueno y tan malo como lo que ya tengo, claro.
Y... Y poco más.
Mis 'deberes' eran pensar algo perversamente lujurioso y hacer una llamada telefónica y contárselo. desde la cama de sábanas de satén gris y rosa, a poder ser. Ó desde el sofá azul, envuelta en la manta de punto, también azul. Deberes ya de la pasada semana y de la anterior, creo recordar. Pero..., no sé. Igual es cansancio. Porque son apenas las doce y veinte y tengo sueño. Y también, lo sé, me apetecería llamarle.
Y también sé que no lo voy a hacer. Aunque no sepa porqué lo sé, exactamente.
Y aunque me apetezca siempre saber cómo está y escuchar su voz, a veintitantos kilómetros y un río de distancia.
Simplemente eso.
Último domingo de noviembre. Estoy rara. Supongo que no es normal que sigamos casi en el verano ése que empezó en marzo, días de verano, pero tan cortos...y que eso me influya y me afecte.
Aunque..., en realidad, creo que es por otras cosas. Estar rara, digo.
Pero no me apetece pensar en ello.
Le echaré la culpa a los estrógenos: total, qué más da...




bird dijo
Ya... yo también estoy un poco 'bluf'. Lo bueno de estar 'bluf' es que mi modo 'aguafiestas' está off ;). A veces tal vez hay momentos en los que hay que hacer eso de acción sin reacción. Dejar que el tiempo pase y mirar lo que sucede desde fuera, sin opinar, sin que te afecte. Una no puede eternizarse en este estado pero tal vez sea necesario aletargarse de vez en cuando para recargar energías. Y confiar en que llegará el día en que los ánimos pidan más. Besines.
28 Noviembre 2011 | 10:12 PM