Un año, siete meses, dieciseis días.
Exactamente eso: un año y medio largo. Un año, siete meses y dieciseis días.
No. No lo he ido contado. No ha sido un "ya ha pasado tanto tiempo desde...". Quizá porque no era un 'ha pasado tanto tiempo, así que igual falta menos para que...". A decir verdad, en aquellos días ni siquiera me paré a pensar si sería posible un 'volver'. Se terminaba una situación y me pillaba en un pésimo momento personal y emocional, pero ni siquiera me pude parar a pensar que igual aquello era reversible.
Es curioso, ahora que sí que me paro a pensarlo.
Era un 'fin', no una pausa. Aunque me..., nos... lo vendieron como eso, como una pausa. Pero yo supe que no. Desde el primer momento.
No volveríamos a trabajar juntos. No allí. No sabía porqué... pero 'lo sabía'. Aunque durante semanas quise pensar que no era así, que de veras aquella 'pausa' había sido eso y que rápidamente todo volvería a la normalidad. Aburrida y monótona normalidad durante horas, sí, pero...
No pudo ser. Ni en esos días (yo volví, él no), ni meses después en que tuvo otro conato de posible regreso. Y, de pronto, mi realidad empezó a ser otra, a tener otras pautas. Y, contra todo pronóstico (al menos, por mi parte), él empezó a formar parte de esa nueva realidad cotidiana. Una realidad de tardes de viernes juntos en verano, de sms fijando citas y aplazamientos, de llamadas de teléfono que pasaron a ser conversaciones nocturnas que duraban horas. De planificar algo que empezó como un juego dialéctico... y que al final terminó en otras cosas. Una realidad en la que también yo terminé saliendo definitivamente de aquella Empresa. Para no volver jamás, lo tengo perfectamente claro. Aunque no haya razones ni motivos lógicos: nunca volveré, nunca volverán a llamarme. Y, si lo hicieran, al final no sería posible mi reincorporación. Lo sé. No habrá 'listas negras', vale... pero las hay...
¿A qué viene todo esto?
A que desde el pasado jueves volvemos a trabajar juntos. Vuelvo a tenerle sentado a mi derecha (curioso e inesperado. Un juego del destino, supongo: hasta el lunes, en el sitio donde él está había otra persona, a quien despidieron de repente y ante la sorpresa general. Y mi ordenador, donde he estado el último mes y medio, dejó de funcionar el martes. Y me tuve que trasladar... a otro que también el lunes se quedó libre, por despido de su usuario... Extraños juegos del destino...)
La historia de cómo ha llegado hasta aquí sería un poco larga de contar... así que mejor me la salto. De momento, al menos.
Supongo que debe ser cierto que si algo se desea mucho, mucho, al final.... E imagino que, en el fondo, yo sí lo he deseado mucho. Ó que pasarme todo un año trabajando sin tenerle a mi lado, en el sitio donde nos conocimos... fue eso: todo un año echándole de menos a diario.
Cada día. Sin dejar ni uno solo. Porque hay ausencias que son presencia por sí mismas. Y su falta estuvo presente en mi día a día, aquel año completo sin él a mi lado.
Ahora... No sé.
Bueno: sí lo sé. He dicho... escrito... alguna vez que cuando él regresase a la 'normalidad', esa normalidad en su vida me dejaría a mí fuera. Es otra de esas certezas que tengo, y ya está. Supongo que porque nunca he dejado de tener claro qué y quién soy. Y porque sé que si he formado parte de algo en este último año y medio suyo... ha sido, precisamente, por lo 'anormal' de la situación.
Nunca lo he dejado de tener claro. El día en que empezase a normalizar su vida, empezaría a salir de la mía.
Y, sin embargo, y teniéndolo tan claro como tengo claro lo que siento por él, creo que es lo mejor.
Ó... Ó, mejor dicho: quiero que vuelva a la normalidad. Que recupere su vida. Porque será lo mejor para él. Aun sabiendo que eso me dejará fuera y que le echaré mucho de menos, muchísimo más de lo que sea capaz de imaginar hoy, también sé que es lo mejor. Lo mejor para él, que es lo que importa. Lo mejor y lo normal.
Porque, por circunstancias, yo también pasé por una etapa similar a lo que creo que ha sido este último año y pico suyo y sé lo que es. Y porque, por eso, sé que el primer paso para recuperar la 'normalidad' es volver a trabajar. A tener la obligación laboral de levantarse a determinada hora para ir a determinado sitio con determinado horario. Romper el ritmo a que nos habituan determinadas situaciones 'obligadas' de desempleo, situaciones donde circunstancias familiares nos terminan atando a una rutina a la que terminamos habituándonos. Falta de trabajo que finalmente nos termina llenando el día de obligaciones... pero que no son eso, 'trabajo'. Ese tipo de trabajo que ven los demás, que nos ven hacer.
Sé lo que es, ya digo.
Y sé, por eso, que necesitaba..., necesita, la obligación de reengancharse a un trabajo diario.
Aunque sea tan tedioso, tan de 'baja calidad', como el que va a tener que hacer. El mismo (bueno, similar) al que hago yo. Pero también creo que para él será algo provisional: lo que tarde en encontrar algo mejor.
Porque merece algo mejor.
Aunque, egoistamente, me encante la idea de verle a diario..., de escucharle como sonido ambiente a mi lado..., sé que no es lo mejor para él. Que merece algo mejor.
Aunque eso será lo que, definitivamente, le alejará de mí. Y que entonces ya sí que será para siempre.
Certezas que están ahí, que siempre he tenido.
Pero no voy a pensar en eso. No ahora.
Tras un año, siete meses y dieciseis días vuelve a trabajar a mi lado. Me quedo con eso.
A veces, hasta los milagros que ni nos atrevemos a desear se cumplen. Y no quiero pensar qué precio me harán pagar esta vez los dioses por este inesperado regalo de fin de año...






licemar dijo
Agarra el momento, con las dos manos. Fuerte. Disfrutalo. Por todos esos por si acaso... Si luego no se dan, le sacarás todo el jugo al momento, y si se dan, pues habrás exprimido al máximo tu oportunidad.
¿Sabes qué te digo?... que ojalá te equivoques en tus certezas... porque tú tampoco te mereces ese trabajo y su presencia, hace que lo lleves mejor... así que...
Besitos guapa.
4 Diciembre 2011 | 01:14 AM