De nieblas, castillos de humo y naufragios.
Niebla cerrada en Madrid.
Niebla que envuelve la noche urbana en tonos anaranjados. Desde la terraza apenas si se distingue algo más que el brillo cambiante de los semáforos de la avenida reflejándose en la humedad llorosa del asfalto. Los edificios próximos son fantasmas, sólo las luces que iluminan las ventanas y terrazas sirven para ubicar su posición al otro lado de la niebla.
Sé que hay casi luna llena, pero no la veo. Como tampoco veo estrellas. Todo es niebla, como una gasa tupida que hubiese decidido envolver el mundo.
Hace frío. Hacía mucho frío cuando he llegado, allá sobre las nueve de la noche, tras un pretendido paseo por el centro de Madrid, con el ánimo de ver 'las luces'. Eso, y no pensar. La verdad es que el exceso de gente apenas me ha permitido lo primero... y, sinceramente, no he conseguido nada de nada en lo segundo. Da igual. Tampoco puedo decir que me sorprenda mi poco éxito. Este nuevo 'poco éxito', tan previsible como casi todos en mi vida, últimamente. Sólo consigo las cosas que me da igual tener ó no. No soy capaz de lograr lo que, de veras, sé que me haría feliz.
Me he trasladado desde el nido mullido de los múltiples cojines de mi sofá hasta la pantalla del pc, para intentar redactar algo antes de decidir tumbarme, bajar al mínimo el volumen de la televisión que no me importa qué esté emitiendo, envolverme en la manta de punto azul... y cerrar los ojos. Buscando, quizá de nuevo, no pensar.
Día a día, hora a hora... desmonto castillitos de humo. Castillos que se dirían construidos con el mismo material que crea hoy la niebla. Soplo, soplo, soplo. Respiro, suspiro... y sale el sol y se van. Se desvanecen ante mis ojos. Casi podría decir eso: hora a hora. Y más veloces cada vez.
Convivir con la evidencia es lo que tiene: no deja lugar a dudas. Y todo es cada vez, eso, más y más evidente.
Los castillitos de humo no tienen cimientos. Y es absurdo intentar planificar un hogar, una casita de muñecas siquiera, en su interior.
Tampoco yo soy una muñeca. Y nunca supe jugar con ellas.
Y ya es demasiado tarde para aprender. También para eso es demasiado tarde.
Ha sido rara esta semana intermitente, llena de días que empezaban siendo lunes y terminaban siendo viernes con vocación de sábado al llegar la noche.
Semana de disfrutar cada segundo. Recrearme en cada instante de inesperado presente... a la vez que el lado consecuente de mi personalidad se dedica a, lo dicho, demoler castillitos de humo. De niebla.
Castillos que no pueden ser la residencia donde se desarrolle una historia que, definitivamente, no puede ser. Por mucho que me duela admitirlo. No puede ser. Supongo que no pudo ser en ningún momento por mucho que llegase a desearlo, a querer ver otra cosa.
Niebla en Madrid en este viernes que, hoy sí, es real.
Intentaré dormir, para no pensar.
Supongo que mañana amanecerá soleado: extraño este otoño en Madrid.
Fin de semana de dos días para hacer recuento e inventario de los restos del naufragio. Ese naufragio que cada vez es más y más real. El naufragio de mi vida. Una vez más.
Aunque el lunes me seguiré empeñando en disfrutar cada segundo. Quizá con más intensidad, al tener cada día... cada hora, más y más claro que ya no queda nada.
Sólo el color de sus ojos, eso que el último día del pasado año me quedó como una certeza. Que sería el color exacto que vería cuando alguien me nombrase ese año que se iba, como todos.
Ese color que vuelve a ser real, de pronto. Y quizá no quede ya nada más.
Ó ni eso. Igual ya solo queda como certeza el resto de este mes en que se terminará el año. Un año que no sé qué color me dejará al terminar. Quizá esta vez ninguno. Cuando ya no hay ni esperanza, ni siquiera quedan colores con que fabricar los sueños.
Ó...., ó qué más da ya todo.




bird dijo
Hace un año estabas igual... Y te lo digo yo, que parece que tampoco aprendo. Así que aunque dirás que siempre te regaño cuando es lo que menos te hace falta. Piensa que también me regaño a mí misma, de lo contrario no me atrevería a hacerlo contigo. Es que no aprendemos! Hay que cambiar algo! Y hay que cambiarlo urgentemente! A veces creo que todo es una cuestión de voluntad. No hay que esperar al naufragio anunciado, hay que cambiar de barco mucho antes! No se puede vivir de migajas! No, eso es culpa nuestra y tú que siempre hablas de merecer: No, no nos lo merecemos. He dicho. Besines :)
10 Diciembre 2011 | 05:22 PM