Conciencia inconsciente.
A veces el deseo es tan fuerte que duele. Físicamente, duele.
Duele la piel que esperó inútilmente ser acariciada y que es piel a flor de piel. Que está en tensión durante horas, inútilmente expectante, sabiendo por la vista y el olfato que está tan próxima la otra piel deseada, sin entender aunque lo sepa que no, que no va a ser consolada ni correspondida.
Llega la noche y te asalta la tensión de esas zonas sensibles en las que, de pronto, se es consciente de que la ropa ha sido un estorbo todo el día. Una barrera obligada y un obstáculo. Y el pecho por fin desnudo recuerda y casi reclama sus manos y su boca. Y como un niño caprichoso, obstinado, no quiere comprender porqué estando tan cerca no puede ser, no ha podido ser.
Y da igual, de pronto, el pretendido consuelo del agua caliente bajo la ducha, porque no sirve de nada cuando se es tan consciente de que todo es humedad y va a seguir ahí, que todo es tensión y no vale de nada buscar relax porque el resultado ni siquiera pasará de unos segundos de luz y abismo y olvido: luego seguirá ahí esa sensación de vacío, de búsqueda, de espacio libre esperando una presencia concreta.
Y duelen los labios que quieren besar y son casi físicas esas agujetas en los músculos que, como de cazador prehistórico, han estado en tensión durante horas, aunque en esos momentos no lo hayamos notado.
No lo haya notado.
A veces, ser tan consciente del propio cuerpo y serlo por ausencia de a quien se desea... de quien no está aunque haya estado tan y tan cerca, duele. Y se cae en el sueño por puro cansacio, por pura tensión acumulada durante horas, muchas de ellas sin darse cuenta de ello, de esa tensión y ese deseo.
Y amanece y se despierta.
Y despierto. Y no quiero recordar qué he podido soñar, porque me temo que ni en sueños esta vez he tenido lo que deseo. Lo que tampoco podré tener hoy, y lo sé. Y lo acepto, conscientemente lo acepto porque sé que las cosas son como son y que la realidad y el sentido común prevalecen.
Y no sé si también hoy seguiré deseando, física e igual inconscientemente, eso que ni soy capaz de definir con palabras claramente. Que, igual, es que simplemente no me atrevo por una vez a describir realmente lo que sé, soy, deseo y siento.






bird dijo
Cuadro de síndrome de abstinencia de feniletilamina... (anfetamina natural de la química del amor). Tienes que desengancharte. Has de tener voluntad de hacerlo. preguntas como: ¿qué obtengo a cambio si me desengancho? ¿qué sucederá en semanas/meses/años si no lo hago? etc... Besines.
16 Diciembre 2011 | 12:03 AM