Absurdas bolas de navidad azules ensartadas en un hilo.
Dormir. Dormir. Dormir.
Quisiera convertirlo en mantra. Repetirlo hasta que ni fuese un deseo, repetir hasta conseguirlo. Dormir. Durante horas y horas. Sin sueños. Sin imágenes. Dormir hasta no despertar, quizá.
Desperté sobre las tres y media de la madrugada; quisiera poder asegurar que eran las 03:33 lo que reflejaba en rojo el proyector, en el techo, pero no estoy segura de que hoy sí fuese esa hora. Desperté entre sueños y abrazada a la almohada, sin saber por un instante donde estaba aún sabiendo en el fondo que estaba en mi cama, en mi casa, que era casi invierno. Con una sensación extraña, de pieza que no encajaba, de algo sobrevolándome el pensamiento, de clavo colocado a la fuerza para sujetar algo que requisiera un tornillo.
Tardé en darme cuenta. Creo que pasaba de las cuatro cuando me dí cuenta de que estaba llorando. De que llevaba tiempo suficiente llorando como para sentir húmeda la almohada, el pelo allá en el cuello. De que había pasado entre lágrimas del sueño a la vigilia.
No sé en qué momento volví a quedarme dormida, ni sé si dejé de llorar.
Recuerdo la hora: números rojos, cambiantes en el techo entre mis pestañas.
Creo que rondaban las ocho cuando volví a despertar del todo. Aun de noche en mi dormitorio. Reflejos de amanecer tal vez lluvioso entre las cortinas.
Y volví a echarme a llorar, consciente esta vez de porqué lo hacía.
Hoy no he querido disimular: no hacía falta. Ni disimular ni mostrar nada, en realidad. Estado de indiferencia, quizá; no sé.
No he querido integrarme en el clima de falsa alegría prenavideña, de decoración hortera a marchas forzadas. Sí he colaborado: simples trabajos manuales, recortar, pegar, ensartar bolas de navidad azules en un hilo, atar otras en trozos de cuerda de regalo. Plástico, todo de plástico, todo falso. Brillos falsos de pésima calidad.
Tarea pretendidamente útil para rellenar tiempos muertos, para colaborar en algo que no me interesa.
Da igual. Me daba igual.
Una estrategia para no pensar, simplemente.
Dos veces he terminado sin poder ni querer reprimir las lágrimas, a solas como sólo sé hacerlo, encerrada en el cubículo diminuto del aseo del lugar donde trabajo.
Mi ánimo no está bien desde hace casi un mes. Y los últimos movimientos...., acontecimientos..., laborales no han contribuido precisamente a mejorarlo.
Hay cosas que no por esperadas...duelen menos. Hay sentimientos... acontecimientos... que no por haber pasado ya por ellos son más fáciles de sobrellevar.
He pasado todo el día... toda la jornada laboral, las tediosas seis horas y media de los viernes en que 'regularizamos horario por convenio' echándole de menos. Ese sentimiento tan conocido, tan familiar que es como parte de mi pulso, de mi rutina laboral durante meses. Y que de pronto vuelve a ser nuevo.
No quiero seguir trabajando allí.
Me siento encerrada en el centro de un círculo vicioso: si me voy, terminará la Campaña de ventas en que estoy, pero para salir de allí necesito que termine la Campaña de ventas en que estoy.
No sé hacer mal mi trabajo; un trabajo que no me gusta, que apenas me da para sobrevivir malamente, en el que no me esfuerzo más allá de lo mínimo exigible... pero que no sé hacer mal. Pundonor. Auto-obligación. Auto-exigencia.
Instinto, tal vez.
No sé hacerlo mal. Pero no quiero trabajar allí.
No quiero seguir en un sitio donde no se valora el trabajo bien hecho, por mucho que puedan valorar el mío... ó que me puedan valorar a mí.
No quiero trabajar allí, pero tampoco puedo irme. No me lo puedo permitir.
No quiero trabajar en un sitio donde no le han querido a él, que trabaja como yo.
Quiero dormir. No pensar en todo esto durante unas horas.
No pensar en nada.
Tampoco en todo lo demás. En todo eso que me hace daño, tanto daño. Tanto.






bird dijo
Pues no lo entiendo, ¿Por qué no le han querido a él? Pero si tal y como tú nos cuentas, él es tan guapo, y trabaja tan bien, y tan maravilloso, y merecedor de un trabajo mejor... y en cambio tú eres una pesada, una llorona, una friki, .... jeje.... Te aviso, al final voy a acabar pensando que tú eres bastante mejor que él ;) Besines y ánimos!
16 Diciembre 2011 | 11:23 PM