Estrenando el año.
Tres de enero. Casi cuatro.
Llevamos media semana de este año nuevo... pero, no sé. No termina de arrancar. Ó igual soy yo, mi vida, que no arranca.
Las cosas siguen sin ir. Ni siquiera me atrevo a concluir la frase con un 'bien'. Simplemente, las cosas no van, sin más.
Sigue mi trabajo en el sótano, en esa Campaña de Ventas sin incentivos, donde, cómo no, sigo teniendo unos resultados deslumbrantes. Deslumbrantes para quienes, evidentemente, se deben deslumbrar con cualquier cosa... supongo que por falta de costumbre. Da igual. Aplico la Ley del Mínimo Esfuerzo y, aún así, doblo en resultados a cualquiera de mis compañeros. Es probable que simplemente esa falta de esfuerzo..., bueno, de interés (el esfuerzo está ahí. Simplemente el hecho de pasar ocho horas diarias en un sótano, haciendo algo perfectamente inútil y que me aburre soberanamente, ya es un esfuerzo) es probable que sirva para 'arrancar' esos resultados que, curiosamente, son imprescindibles para mantener viva la Campaña. Es paradójico que mis resultados sean los que mantengan vigente esta Campaña de ventas sin comisiones. Que, sin mí, no habría llegado a arrancar, simplemente...
No, no es inmodestia, ni me siento orgullosa. No puedo sertirme orgullosa de un trabajo rutinario que simplemente no me gusta, pero que no tengo otro remedio que hacer. La cifra de cinco millones (largos) de desempleados da mucho vértigo y bastante miedo. Y me sirve como excusa para seguir trabajando en esto. Trabajo de supervivencia, sin perspectivas de futuro. Día a día. El mito de Sísifo: cada día subo la piedra, cada día se cae de nuevo, cada día tengo que volver a cargar con ella sabiendo que volverá a caer. Trabajo inútil: mis excelentes resultados de ayer y de hoy no sirven de nada para mañana, donde se me volverá a requerir la misma excelencia, sin más ni más. Y sin más gratificación que las felicitaciones de mis jefes. Ojalá ese tipo de adulaciones me produjera algo, siquiera cosquillas. Pero no. Que poco menos me hagan la ola por volver a sacar adelante 'su' Campaña no me sirve para pagar el recibo de la luz ni la cuota de conexión a internet. Eso que no sé cuanto tiempo más podré permitirme el lujo de mantener.
Las Navidades enfilan sus últimos días. Navidades extrañísimas, que es como si no hubieran existido. El cambio de escenario las noches de nochebuena y fin de año, las comidas de los dos siguientes días... me han descolocado bastante. No sé. Bueno, claro que lo sé: mi naturaleza felina. Esa que acepta perfectamente el dedicarse a cambiar cosas por pura diversión, ó porque le aburre verlo todo igual, ésa a la que gusta tanto jugar... que es la misma que se desestabiliza completamente si le cambian las cosas de sitio. La misma rutina que me aburre puede servirme, a veces, para mantener el contacto con la realidad. Naturaleza felina, esos animales que aparentemente no tienen vértigo, que parecen no tenerlo al verles hacer diabluras, pasear por espacios imposíblemente estrechos... pero que si los coges en brazos notas que necesitan sentir apoyadas las patas traseras en algún sitio...
Quizás el resto de la inestabilidad que llena mis días hace que aguante el trabajo, sin más. Un precario punto de apoyo para que no me hunda completamente.
Todo lo demás..., no sé. Ni siquiera va mal. Simplemente no va.
Escribí... un día, hace semanas, que me daba miedo imaginar cual sería esta vez el precio a pagar por algo que me había sido concedido... sin haber sido consciente siquiera de haberlo pedido. Algo que probablemente nunca me habría atrevido a pedir.
Hoy ya sé cual es el precio.
No quiero que los dioses vuelvan a premiarme con nada. No quiero volver a desear nada. Nada. Duele demasiado perderlo. Perderlo y que, además, siempre quede una deuda, un precio que se antoja demasiado alto cuando se sabe que no se volverá a tener eso, eso que siquiera se atrevió una a soñar...
No quiero volver a sentir deseos.
No, porque probablemente desearía con todas mis fuerzas olvidar. Y sé que cuando las cosas se desean con fuerza suficiente, se consiguen. Y si deseara olvidar y lo consiguiese..., no sé. No sé si querría seguir viviendo sin poder ponerle nombre a esa sensación de vacío que, al menos, su recuerdo llena aún...
Un vacío que me tengo que hacer a la idea, día a dia, que nunca volverá a llenar él.
Las cosas, simplemente, no terminan de arrancar en este año recién estrenado.




bird dijo
Pues yo he dado puerta a mi ángel-demonio particular, aprovechando el cambio de número. A veces también los sueños, cuando hace tiempo que tenían más apariencia de pesadilla, se transforman en una carga demasiado pesada. No hay marcha atrás porque es una resolución confesada. Estos días se hacen cuesta arriba, pero una se acostumbra a todo. Al fin y al cabo, el sueño, tal y como lo imaginé, ya no iba a ser posible... Y sobre el vacío, creo que tampoco esta vez durará demasiado. La vida está siempre llena de sorpresas, por difíciles de imaginar que resulten algunos días. Besines.
4 Enero 2012 | 11:08 PM