Lógica de cuento.
No olvido quién y qué soy, aunque a ratos me ilusione y parezca que sí olvide. No, no es así.
No puedo olvidar. Vivo conmigo misma. Evito los espejos, sí, pero a veces no puedo esquivar alguno. Y me refleja. Y me veo. Es más: tengo que confesar que alguna vez peco de vanidosa, y me miro. Alguna de esas veces en que creo que voy a ver otra cosa, otra persona. Alguna de esas veces en que reencuentro una prenda de ropa que llega desde mi pasado en el fondo del armario y que me trae el recuerdo de otra imagen... Y, no sé, igual algo en mí cree en la magia, y cree que si vuelvo a vestirla volverá quien fuí, volveré... Pero no (y lo sé, en realidad lo sé siempre). La magia no existe. Simplemente es eso: no existe para mí.
No sé cómo pasó, pero ya no me sé los conjuros.
Evito los espejos. Al menos, los grandes. Sólo empleo espejos pequeños, de ésos que sólo me muestran detalles del todo. Y en ellos me pinto los ojos: khol y rimmel. Poco más. Espejos que me fraccionan, que me muestran a mí misma como si fuese otra. Mejor: como si sólo fuese eso que soy capaz de ver, eso que puedo mejorar en unos minutos.
Espejos que me engañan, obedeciendo mi voluntad y mi decisión de ser engañada por un rato.
Espejos de cuentos; espejo, espejito mágico. Ése que ya no tengo ó al que ya no pregunto, porque sé su respuesta.
No olvido quien soy, no, aunque a veces parezca que sí. Aunque en algunos momentos olvide que lo recuerdo siempre.
No olvido quien ni qué soy. No olvido, aunque no quiera pensar en ello.
Recuerdo y sé, sin tener que preguntar a los espejos, que ya no son mágicos ni mienten ni se amoldan obedientes a mi voluntad.
No olvido qué ni quien soy. Y por ello nunca he dejado de saber, que aunque se lo mereciera, aunque todas las princesas fuesen unas imbéciles ó estuviesen dormidas... nunca he dejado de tener perfectamente claro que en los cuentos nunca el príncipe se queda con la bruja. Nunca.
Lógica de cuento. Eso que, aunque nos queramos engañar y decir que son sólo... eso, cuentos, en el fondo siempre tienen una base y un pasado de realidad.
Y aunque finjamos que esas cosas ya no son para nosotros, personas adultas y experimentadas y lógicas y..., y todo lo que nos queramos autoengañar razonándolo...: lo sabemos.
Y lo sé. Y sabiéndolo, simplemente, sobrevivo y viviré con ello.



