8 Abril 2012
Son casi la una del mediodía, domingo. Domingo de Resurreción, para ser exactos. Que, también y para no romper la tradición, ha amanecido soleado y luminoso tras la también más que habitual lluviosa Semanasanta. En fin.
No he hecho nada estos días. Nada es eso: nada. Nada práctico, nada útil, nada planificado ni espontáneo. Nada de nada. Bueno, el único gesto absolutamente extraordinario es no haberme levantado de la cama ayer sábado hasta mediodía (me refiero a las doce). Que sí, que estaba despierta... pero que no me apetecía en lo más mínimo tocar el suelo con los pies. Y como de momento no vuelo... pues eso. Lo cierto es que tampoco me encontraba bien del todo. La repentina bajada de las temperaturas del jueves al viernes me tuvo todo este segundo día en un estado raro, quizá no dormí bien del todo. Y supongo que el cambio de planes, incluso cuando ya se contaba con esa posibilidad... tampoco ayudó. Y el sábado..., pues lo dicho: no me apetecía levantarme. Y por una vez en la vida... me permití ese lujo. Porque, aunque para muchos y muchas levantarse a mediodía pueda ser algo habitual, sobre todo tras una noche de fiesta y esas cosas... para mí nunca ha sido una opción. Trasnochar nunca fue excusa para cambiar las costumbres a la hora de la rutina diaria. Y, hasta empezar a vivir sola... fue absolutamente impensable quedar en la cama pasadas las diez de la mañana... se tuviese el sueño que se tuviera, se acumulase cansancio laboral de toda la semana ó hubiera fiebre. Igual por esa disciplina totalmente espartana en mi vida no hay lugar para bajas laborales, no hay alimentos rechazables, no hay miedo a cosas cotidianas..., no hay excusas para casi nada, en definitiva.
Mañana a estas horas estaré volviendo al zulo. A mi aburridísima rutina. Cada día más aburrida y más agotadora y con menos porvenir. La nueva Campaña (a la que, cómo no, fuí traspasada sin más ni más opción. Es lo que tiene mi proverbial efectividad laboral, de toda la vida) no arranca de ninguna manera. Si las últimas eran malas... ésta es peor. Porque sí: siempre es susceptible de empeorar, cuando se trata con este tipo de cosas. Y tanta acumulación de falta (general) de resultados está poniendo muy nervioso al personal responsable. Y eso está redundando... pues en que determinados gestos que ayudaban al buen ambiente laboral... se estén obviando. Hace unos días nos reunieron en el trastero para, como si fueramos párvulos, indicarnos que procurásemos no alborotar... que se habían quejado de la Campaña con la que compartimos zulo (una de venta de conexiones de internet para sitios donde no llega la señal habitual). No sé. Creo que, como indico, somos todas personas adultas... y, aunque a veces a media tarde desconectemos un rato y nos echemos unas risas... procuramos hacer el menor ruido posible. Otra cosa es que el personal básicamente masculino del turno de tarde en esa Campaña tienda a estar muy pendiente de nosotras, centrándose más bien su interés en un par de las chicas, niñas de poco más de veinte años y bastante vistosas, sobre todo vistiendo... ó más bien desvistiéndose, porque el calor tropical que es el clima del zulo da para poca ropa. Bueno, pues cosas así...
Curiosamente, cuando la Coordinadora reunió al grupo para 'echarles' la regañina... yo había desconectado un par de minutos para ir al aseo. Y las localicé... porque al ver que no estaban en nuestros puestos, presté atención hasta escuchar algo de ruido en el trastero donde se hacen las reuniones y me sumé a la fiesta. Por lo que quiero entender que, posiblemente, también estoy excluida del posible grupo que 'alborota'. No sé. No entiendo nada, ni me voy a molestar en entender.
Lo dicho: esto no funciona. Y no sé si vamos a tener margen hasta finales de abril. Y esta situación me tiene en la disyuntiva... de no saber por dónde empezar a moverme. Si tuviese asegurado el fin de todo esto coincidiendo con la llegada de mayo... perfectamente podría empezar a moverme... dejando claro que mi posible incorporación a cualquier otra cosa no sería hasta finales de mes, comienzos del próximo. Y sin necesidad de dar preavisos ni explicaciones a mi actual empresa. Si, por contra, tuviéramos seguro la continuidad aquí... en lo que fuese, también podría empezar a moverme... sabiendo imprescindible el preaviso (en la práctica, y considerando que aún no sabemos qué nos han pagado en concepto de qué este mes, sería trabajar este mes de abril prácticamente sin sueldo. Interesante..., aggg). Pero este estar entre dos aguas... y tener la certeza de que si esto se termina no nos van a avisar con tiempo... es una forma de contribuir a la desgana. Y no sé si me queda margen para más desgana, francamente.
Y..., en fin. Y poco más. Esto no deja de ser un 'escribir por escribir', ya que no he dedicado estos días a precisamente eso, escribir sobre algunas cosas que están ahí, sobrevolando este blog desde hace tiempo.
Tampoco me he dedicado a eso. Qué días más perdidos, estos cuatro de abril.
servido por bruxana
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6 Abril 2012
Hacía tiempo que no dedicaba un día... a no hacer absolutamente nada.
Me refiero a poder permitirme eso, no hacer nada, a pesar de ser consciente de tener cosas que hacer, de haber 'aplazado' cosas precisamente para cuando se diese esta ocasión: un día enterito sola en casa, sin tener razones ni para salir a la calle a comprar básicos de consumo (es a lo que dedico las mañanas/mediodías de los sábados, día que estoy en casa habitualmente). Pues nada, no he hecho nada. Bueno, sí: dar un repaso a la cocina, barrer, lavarme y cortarme un poco el pelo... Pero nada más allá: ni ordenar cajones, ni planchar, ni poner una lavadora, ni adecentar más en serio del repaso habitual las macetas... Nada de nada.
Ya antes del mediodía se confirmó la cancelación de mi plan vespertino. En realidad, este tipo de cancelaciones/aplazamientos ya no me pillan por sorpresa: he terminado por habituarme. La de hoy es la tercera de esta misma semana... así que para qué vamos a sorprendernos. No: haberme acostumbrado no es sinónimo de que me deje de...., no sé, molestar no es el término, porque no es molestia. Digamos que algo en mí se rebela y no quiere aceptar tanto aplazamientos sucesivo... pero mi sentido común prevalece y tiene claro que esto es como es y ya está. Lo acepto. No quiero decir que me guste, pero no me queda otra y lo acepto. Y a estas alturas, la verdad es que ya considero 'normal' que los planes fallen y las citas se cancelen ó aplacen... A todo se acostumbra uno. E igual ayuda que yo ya viniese 'acostumbrada' de casa.
Viernes de no hacer nada. De no ordenar fotos en la memoria del pc, como tantas veces planifico, de no hacer limpieza consciente de archivos que no volveré a tocar en la vida; de no copiar a un cd esas fotografías que tengo ganas de sacar 'a papel', de revelar lo que ya no puede llamarse así, porque el revelado era un mágico privilegio de las fotos analógicas. De ni siquiera ponerme al día en el borrado de correos que no voy a leer, de revisar y visitar las redes sociales. De no pintarme las uñas ni aprovechar para ponerme esa mascarilla facial que antes me era cotidianamente imprescindible.
No, no he hecho nada.
'Matar' burbujas virtuales en la pantalla para matar el tiempo, esa adicción tonta que descubrí ni sé bien cómo y que me sirve para no pensar en nada...
Inútil viernes santo. Moroso viernes de cielos semicubiertos de nubes blanquísimas, viernes perdido de invierno que regresa de pronto. Viernes de Pasión sin pena, que antecede seguro al Sábado de Gloria que pasará sin hacer honor a su nombre...
servido por bruxana
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3 Abril 2012
Y marzo...
Y marzo volvió a cruzarse en mi vida, volvió a cruzarla, se atravesó y me hizo atravesarlo como se debe, seguro, tener que atravesar una tormenta noctura en el mar, teniendo como única idea y ùnico objetivo el poder salir de allí... pero sin saber de qué modo, por dónde ni hacia donde se va...
Miro hacia atrás, y veo el comienzo de mes allá en un jueves del que no tengo recuerdos.
Marzo. Este marzo que se me difumina, del que recuerdo retazos entre lágrimas. Un marzo extraño. Bueno, en realidad casi todos lo son, de un modo ú otro. Casi todos. Tengo marzos en mi recuerdo en que precisamente lo peculiar es que no pasó nada. Que el mes comenzó y terminó sin más novedades que el regreso de la primavera y el cambio oficial de hora. Y nada más.
Marzo de planes inconcretos, de renuncias abandonadas en el último instante. De teléfonos, de llamadas que no son y otras que no dejo que sean, y otras que no deberían ser pero son, inevitablemente son. Marzo en que miro hacia atrás sin darme cuenta, y es otro año más y otro y otro. Y me vuelven recuerdos de luz, de espera sin esperanza, de luna llena, de flores de almendro y regaliz de fresa ácida, y fresas con yogur y chimenas urbanas. Marzo. Y de pronto vuelve a nevar, y de repente llega el verano... Y otros años todo se acaba, ó empieza sin darme cuenta otra historia. Y repito como un mantra que 'nada cambiará mi mundo', y en ese mismo instante sé que todo está cambiando y que nada volverá a ser lo que era, porque no sé cómo pero de pronto le he mirado en el momento en que me estaba mirando, y he visto sus ojos como si hasta esos momentos no hubiesen existido, y he visto su mirada en mí. Y nada de eso quiere decir otra cosa, pero...
Ha sido un mes duro y raro. Pero he sobrevivido. Una vez más, he sobrevivido al invierno y me he sobrevivido a mí misma, a mi autodestructiva voluntad. Mi voluntad sobreviviendo sobre mi propia contradictoria propia voluntad.
Es extraño de explicar. Casi tanto como es extraño sentirlo.
Y terminó marzo.
Y entré en abril sin darme cuenta de forma consciente. Ví los números rojos del reloj/proyector en el techo de mi dormitorio, y ya eran más de las doce, y no caí en que ya era abril.
Y de ese modo casual, entré en abril a oscuras, en la cama y hablando-jugando con él.
Aunque él estuviese físicamente a veintitantos kilómetros y un río de distancia de mí, como tantas noches. Pero de pronto fue abril. Y este marzo en que no nos hemos visto nos abandonó mientras, seguro, le escuchaba hablar, como tantas veces, aunque nunca sea ni será rutina.
Abril, tras las tormentas intimas, sin agua ni relámpagos, de este marzo que fue nieve inesperada y fue calor de verano anticipado. Abril finalmente y casi por sorpresa, un año después de ese anterior abril cuya primera noche completa pasé a su lado, descubriéndome siendo capaz de decidir firmemente que bien podría no querer hacer otra cosa en la vida más que acariciarle.
... Y abril en mí, que imaginaba cosas...
servido por bruxana
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30 Marzo 2012
Esta Empresa en que trabajo va a terminar conmigo.
No puedo estar más agotada... sin que existan razones físicas para ello. Es todo un sinsentido más otro y más otro y más otro más. Es la aplicación práctica del término 'infinito'. No hacemos otra cosa que dar vueltas sin ir a ningún sitio. No tiene sentido que nos 'mantengan' en nuestros puestos de trabajo... cuando llevamos más de medio mes sin resultar ni remotamente productivos. No sé de qué van...
¿La última? Nos han hecho mal las nóminas. Surrealista: nos han pagado de más. Mejor dicho: nos han pagado como si nos hubiesen despedido... y vuelto a contratar (en realidad, es algo así lo que han hecho... pero con el acuerdo de no 'liquidarnos'... para no perder vacaciones y esas tonterías que a mí, personalmente, me traen sin cuidado. Total, no voy a ir a ningún sitio... ni espero seguir en ese zulo este verano...). Así que todas hemos recibido más sueldo del esperado. ¿Reacción? Pues que andamos todas con un cabreo de tres pares de narices... Y es que ahora, encima, le debemos dinero a la Empresa. Y que nos habrán aplicado retenciones en el IRPF que no nos va a devolver nadie. Y la nómina del próximo mes será de risa. Y, encima, ni siquiera hemos cobrado las mismas cantidades personas que tenemos los mismos horarios, la misma antigüedad, los mismos turnos y las mismas retenciones...
Y, para terminar de completar el desaguisado, ni siquiera a fecha de hoy nos han podido dar las nóminas: no estaban hechas...
Esto es un desastre.
¿En qué me afecta a mí? Pues en que, en el momento de no haberme liquidado 'vacaciones devengadas y no disfrutadas', tenía ese margen para, si encontraba otro trabajo... no tener que dar más allá de una semana de preaviso: la otra semana hasta completar los 15 días sería a cuenta de esas vacaciones no disfrutadas. Y que, con este plan, es probable que me hayan liquidado las vacaciones a que tenía derecho... incluido el día de ayer, 29 de marzo, fecha en que ya estaban mal-hechas las nóminas...
Ó sea: que ahora le debo dinero a la Empresa. Y que, hasta que a finales de abril echemos nuevamente cuentas... no puedo encontrar nada, ni siquiera 'preavisando'... porque me van a descontar medio sueldo en cualquier caso.
Esto es desastroso. Y encima la próxima semana es medio festivo. Que, de ser una semana normal... en fin, que no iba a tener mejor ocasión de, si encontrase algo de incorporación inmediata... mandarles a freir espárragos. Cuadrándonos las cuentas perfectamente. En plan: ahí os quedais. Y, sí: estos cuatro, seis días... os lo regalo. Hale.
Pero no. Tenía que ser semanasanta....
Todas estas cosas pequeñitas y redundantes, más el repetitivo trabajo diario (llamar a gente que no quiere saber nada de nosotros, que no me dejan hablar, que los pocos que me dejan no me permiten actuar como comercial...), más el desquiciante aire frío-polar/calor-sahariano que nos sueltan a ratitos, más la falta de luz natural, más..., más todo.... me tienen cayéndome por los rincones...
Cinco millones largos de desempleados. Y yo cruzando los dedos para que la semana que viene los resultados sean tan irreparables... que se termine de una vez esta Campaña de pesadilla.
Total, ya me han 'liquidado', así que...
Que tras liquidarme, al menos no me rematen.
Me duele todo el cuerpo, tengo sueño y me cuesta dormir. Me 'tira' la piel de pura sequedad. Me escuecen los ojos y cada vez veo menos. Y no sé cómo voy a seguir pagando los gastos, en pocos meses. Que estoy por debajo del 'mileurismo'... y ya es mucho tiempo así...
Hoy es treinta de marzo. Hace dos años justos que, por sorpresa aunque no de forma inesperada en el fondo, firmé la Carta de Despido en la Empresita Naranja: aquello que de pronto desencadenó la furia de todas las tormentas que intentaba controlar en esos días... Hace año y medio que hubo otra Huelga General, aunque yo esa fecha y el recuerdo de ese día y esa tarde los guardo en la mente... por otras cosas. Otras cosas que también fueron desencadenante definitivo de algo, que me hicieron por fin comprender que algunas cosas iban en serio y eran inevitables...
Y yo ayer, hoy... tendría que haber redactado un post sobre todo esto y todo eso. De la situación actual con respecto a aquello...
Y, sin embargo, me encuentro totalmente desquiciada, escribiendo sobre imposibles huidas de un zulo...
Esta Empresa va a terminar conmigo. Y no, no es una frase hecha...
servido por bruxana
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29 Marzo 2012
De forma progresiva he ido disminuyendo mi presencia en Lacocte. Es muy evidente.
En parte, es porque mi 'criminal' horario de trabajo no me deja demasiado tiempo libre... aunque eso es sólo 'en parte': con este horario llevo casi 3 años y durante largos periodos seguía con mi ritmo de casi post-diario. También influye el hecho de que llegue agotadísima tras pasar el día encerrada bajo tierra; que, a veces, incluya en mis quehaceres diarios nocturnos largas conversaciones telefónicas, que algunas mañanas emplee el tiempo previo al 'tener que irme a trabajar' en tareas domésticas obligadas por simple cuestión de higiene ó por auto-obligación de intentar llevar una alimentación algo más sana y razonable (esto es, que algunos días me voy dejando hervida un puñado de pasta, uno de arroz ó el sandwich diario es de tortilla a la francesa, mismamente). Todo eso influye, obviamente...
Pero no es la causa principal.
Estoy harta de tanto fallo coctelero. Y de que los i-responsables del sitio éste sigan tan missing como... Como si no existieran, simplemente.
Algunos días redacto algo antes de irme. Porque algunos días me levanto con ganas de escribir, simplemente. Bien. Hay ocasiones en que a las once estoy frente al teclado... y cuando no me queda más remedio que tener que apagar, poco antes de las doce... ahí anda el post a medio redactar... Porque hay días en que algo tan simple como entrar en el apartado donde se redactan los post (esto es, donde estoy ahora mismo: el apartado 'gestión del blog') cuesta dios y ayuda. Y el post se va a 'borrador' una y otra vez si doy a 'publicar'. Ó me indica que está publicado y puedo 'ver como ha quedado'... y no, no está. Eso, cuando no me he fiado de que sí, que se ha ido al 'borrador' a medio redactar (porque no me ha dado tiempo a terminarlo)... y cuando he intentado recuperarlo por la noche... sólo se ha salvado el título provisional. Eso sí, un mensajito me indica que estoy 'editando un post autoguardado con fecha y hora tal'.
Autoguardado en blanco.
No comento. Bueno, esporádicamente sí, pero ni con mucho con la frecuencia habitual, la frecuencia apetecible. Los comentarios se van a un limbo extraño ó se duplican, sin que exista una pauta que lo explique. Ó, de pronto, veo que estoy repentinamente deslogada. Y ahí entramos en el apartado 'preguntas de seguridad'. Vale: las vacas para Lacocte son SIEMPRE blancas. Tras dudar en qué se suele regalar tradicionalmente por San Jordi en Catalunya... creo que la respuesta es una butifarra (aviso con tiempo: quiero mi butifarra tradicional para el día 23 de abril. Y me gusta blanca, como las vacas cocteleras). No sé exactamente qué lados deben tener los hexágonos ni los pentágonos cocteleros, porque la que creo respuesta correcta (seis y cinco, respectivamente) me suele dar mensaje de error... así que como esto es una realidad paralela, igual también la geometría ha dejado de tener relación con las ciencias exactas y esas cosas. Y desde que un análisis con rayos x (ó algo similar) demostró que realmente el caballo blanco de Santiago era policromado... pues cuando me sale esa preguntita intento 'pasar palabra'.
Ó sea, que para algo tan básico como comentar en un blog amigo... tengo que copiar el comentario antes de enviarlo, logarme nuevamente, volver al blog, copiar el comentario... y cruzar los dedos para que se haya ido a ese limbo donde, cuando otro participante haga su comentario, el mío 'baje'. Porque eso es otra: los comentarios se quedan atascados y sólo aparecen si alguien los empuja. Y, si tenemos en cuenta la escasez de participación creciente por todo este tipo de dificultades, pues... Hay comentarios de mi blog que sólo he conseguido leer si entro nuevamente en 'gestión del blog-comentarios-comentarios publicados'.
Agotador.
En mi propio blog, definitivamente y mientras todo esto siga así, no comento. No respondo a los comentarios. Lo siento... pero no.
Lo de la publicidad clama al cielo. Y que diga eso alguien a quien los anuncios, toooooodos los anuncios, le llaman tanto la atención, pues... Explico: no me llaman la atención en plan 'uy, tengo que comprar eso!!!', sino en plan llamarme la atención como obra, vaya. Buena ó mala, pero algo creado y creativo (qué le vamos a hacer, que me gusta la publicidad. En general). Y que entiendo perfectamente que financia las cosas, que insertar publicidad en cualquier medio de comunicación es lo que contribuye a la financiación de éste, sobre todo cuando es prácticamente gratuito (ó gratuito del todo, como este sitio). Todo eso lo entiendo, de veras...
Pero no que las ventanitas emergentes me bloqueen mi propio blog... cuando lo abro yo.
Tengo reducido al mínimo más mínimo los gadges. El contador calabacero y el mapa de visitas (que creo que ni funciona en condiciones... pero como lleva ahí casi desde el principio, no lo quito). El reproductor de música dejó de funcionar... y ahí está por si un día recupera la vida. Ó sea, que no tengo nada que me envíe publicidad. Y que mi propio blog, al ser 'antiguo', no lleva insertada publicidad en su parte superior. Bueno... pues ni por ésas. En el flanco izquierdo de la pantalla me aparece un recuadro-publicidad-encuesta... que, al intentar quitar, suele dejarme la página colgada. Durante un rato variable. A veces, incluso he tenido que forzar el cierre de sesión y volver a entrar...
Supuestamente la publicidad que recibimos está relacionada con nuestros gustos, nuestros hábitos de consumo ó de navegación. Vale. Pues no sé de dónde han sacado lo de que a mí me pueda apetecer responder a supuestos cuestionarios tipo 'sí ó no' (¿si ó no a la Huelga General?, ¿sí ó no a las elecciones generales?, ¿si ó no a los candidatos?, ¿ganará el Barça ó el Madrid?, ¿caerán chuzos de punta ó guindas del árbol? ). Cuestionarios que me permitirán, oh dioses, participar en el posible sorteo de un producto apple (hay varias opciones al respecto: también hay tarjetas de regalo, coches, viajes...).
No sé. La única relación que veo en ese tipo de publi con mi vida... es que durante unos días trabajé en lo que hay detrás. Un intento de estafa. Porque resulta que los incautos que van y 'pinchan' para responder ese tipo de cutre-encuestas... tienen que dejar sus datos para lo del supuesto sorteo. Que no sé si al final se celebra ó no algún día... pero lo que sí sé es que hay empresas de televenta que llaman a esos 'participantes' para intentar venderles la participación 'en un escandalosamente elevado mogollón de sorteos de bonoloto, primitiva, el gordo de la primitiva, euromillones... por sólo cuarenta euros al mes. Y si no te toca NADA te lo devolvemos' (traduzco: si te tocan dos céntimos al mes... no te devuelven nada. Ah: el contrato de participación se hace, mínimo, por tres meses. Y para darse de baja hay que notificarlo de forma fehaciente con un mes de antelación... pasados esos tres, por lo que ya son cuatro. Y no suele haber dónde notificar nada de forma fehaciente. Y aunque el 'participante en la encuesta' diga que no le interesa el pertenecer a las peñas de megasorteos... le seguirán llamando una y otra vez. Incluso varias veces al día. Ya digo... una especie de intento de estafa).
Bueno, pues ésas son las ventanitas emergentes que decoran mi blog. Decoran y bloquean la página.
Cada vez somos menos. Los i-responsables de Lacocte siguen presumiendo de ser el emplazamiento para blogs más 'poblado'... pero simplemente es que cuentan los blogs oficialmente dados de alta... aunque lleven meses inactivos. Personalmente no lo he intentado... pero por lo visto es practicamente imposible eliminar por completo un blog. Creo que el proceso pasa por ir borrando uno a uno los post publicados... y, aún así, quedará rastro de presencia. Ya digo que no lo he intentado: por ahí tengo abandonados un par de blogs, pero están eso: inactivos, sin más. Contando en el recuento de los i-responsables de esto a la hora de presumir de ser los más de lo más... y conseguir así más anunciantes.
Que es de lo que esto se trata desde hace tiempo, para qué decir otra cosa.
Y... Y en estas estamos.
Que esto iba a ser un brevísimo post-reseña de porqué cada vez se me ve menos... y, al final...
Feliz día de huelga general. Activa ó pasiva, pero oficialmente día de huelga.
Aunque la inactividad de Lacocte y la indiferencia de sus i-responsables sigan también mañana, porque no tienen nada que ver con huelgas... y los únicos que protestamos, a ratos, seamos los pocos supervivientes de esta barquita que un día fue transatlántico.
servido por bruxana
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29 Marzo 2012
Sé que todo esto me terminará pasando factura.
Me refiero a mi situación personal. A la anímica, sobre todo.
Que las larguísimas treinta y ocho horas y media semanales (por convenio y jornada reducida) en el zulo me están minando la salud, por mucho que siga siendo la única que, a estas alturas del otoño-invierno-primavera no ha tenido que cogerse ni un solo medio-dia de baja por enfermedad ( y tiene aún más mérito si se piensa que llevo en esta Campaña desde el primer día...). Que no sólo es la progresiva pérdida de visión ocasionada por la luz artificial procendentes de fluorescentes de baja categoría, unida a la absoluta carencia de luz natural por ninguna vía (la salvedad es el ligero reflejo de las puertas que comunican con la escalera de emergencia, situada en un patio... por lo que se sube a la calle. Insisto: que defina esto como 'zulo' no es capricho, sino definición. Es un antiguo garaje. Estamos en un sótano.
Que si a ratos tengo una más que molesta... angustiosa... sensación de ahogo no es sino por ese mismo encierro. Por el aire viciado: siempre es el mismo, da vueltas por los conductos que lo refrescan ó lo calientan antes de escupírnoslo de nuevo. No hay más entrada de aire exterior qu el poco que entre con nosotros al salir a la calle y volver (cosa que cada vez hacemos menos: no compensa el tiempo que se tarda) y la ocasional apertura de una puerta que da a otra salida de emergencia, esta vez a través de una especie de terraza por debajo del nivel de la calle transversal. Nada más. No hay ventanas, de ningún tipo.
También contribuye a esa sensación de ahogo la situación laboral. Tras seis meses y medio dándole vueltas a exactamente la misma base de datos con el mismo producto a intentar vender... llegaron las bases y el producto nuevos. ¿Resultado? Esta mañana cerré una de las referidas bases (son... eran... cuatro. Creo) con pésimo resultado. Es más, ni siquiera creo que de esa base en concreto se haya vendido nada. Unos tres mil clientes, ni una sola venta...
Patético.
Llevamos quince días de nueva Campaña. En total, creo que se han formalizado seis ventas. Esto es, lo mismo que antes eran mis resultados diarios... ahora lo han sido de todo el grupo, en dos semanas. Es imposible vender esto...
Pero como todo es tan sumamente ilógico, en vez de despedirnos..., no: nos subrogan el contrato (esto es, oficialmente cambiamos de Empresa... dentro de la misma. Asunto de desgravaciones fiscales, sin duda). Y nos mandan otras cuatro bases de datos... tan infumables como las que aún tenemos. Hasta hoy estábamos intentando vender un seguro absolutamente invendible a hombres, esencialmente. Autónomos y profesionales liberales (en fin....). Hoy hemos empezado con un seguro... destinado a mujeres autónomas y profesionales liberales. ¿Diferencia? En el producto, que éste nuevo incluye un apartado que indemnizaría en caso de padecer un cáncer femenino y desear la superviviente al mismo 'reconstruirse' el pecho (tal cual). En el de los hombres se les incluía una póliza dental...
Sin comentarios.
Estoy agotada.
No son ni la una y media cuando estoy deseando irme, y entro a la una, y salgo a las nueve. Todo el día delante de la pantalla, conectada a través de la diadema-casco telefónico, sin otra actividad que intentar entablar una conversación... que no suele llegar al minuto (esas antiguas ventas mías... alguna hasta de media hora de argumentación... ayyyy), cerrar el registro (me paso el día eliminando clientes. No aplazo llamadas: ó directamente me dicen que no, ó si no es el titular, elimino el registro como 'erróneo', 'fuera de horario de campaña', 'no facilitan datos del titular', 'no permite argumentación' ó similares. No, me niego a seguir intentándolo...) y pasar a la siguiente. Una y otra y otra y otra y...
La semana pasada llegué a hacerme 520 llamadas en un solo día. Sí: la media de tiempo de conversación en llamada fue de unos 37 segundos. 520 llamadas... y eso que descanso cada cuatro ó cinco. De no ser así... llegaría tranquilamente a las setecientas. Es más, no descartaré que ayer me acercase a esa cifra... y eso que tuvimos un par de reuniones grupales. Cosas de las nuevas bases de datos.
Hoy he conseguido convencer a las chicas para salir a comer al banco de madera que tenemos frente a la puerta: algo es algo. Veinte minutos de sol y aire libre (que no 'puro': estamos en pleno centro de Madrid, hace meses que no llueve en condiciones, tenemos los índices de contaminación por las nubes y sin parques cerca). Han agradecido la idea... y disfrutado de la diferencia. Claro que casi es más difícil y más duro regresar luego al zulo...
También he regresado a casa por una ruta alternativa. Tardando más, vale, pero evitando el metro. Intentaré hacer eso, variaciones sobre la ruta, de vez en cuando... ahora que la luz juega a mi favor. Entre llegar a casa a las diez y algo, siguiendo la misma monotonía diaria de metro-renfe, ó llegar a las diez y media largas, yendo por superficie... iré alternando ambas opciones. Ya digo: aunque hoy he tardado casi media hora más, el 'paseito' en bus por el centro casi me ha conseguido relajar mínimamente.
Y...., y como decía: sé que todo esto me terminará por pasar factura.
También mi infelicidad interna. Y todo eso que me guardo para mí, todo lo que no quiero que trasluzca, que se me note. Las noches en que apenas duermo. Las intensas ganas de llorar. El saber, día a día, que nunca podrá ser, que eso que a veces quise ver como una neura mía no lo era tanto. Que mis presentimientos al final se cumplen...
También sé que todo eso terminará por pasarme factura. Pero cuando llegue ese día probablemente ya ni sea necesario tener que fingir, seguir fingiendo. Porque ante quien más me cuesta hacerlo y con más afán lo hago, ya no estará ahí. Ni volverá a estar nunca.
Y eso también lo sé, y sé que ese momento cada vez está más cerca.
Y también esa certeza hace que, en algunos momentos, hasta el poco aire que me queda alrededor me sobre...
servido por bruxana
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26 Marzo 2012
Escribo post que acaban en el borrador, post de desahogo, esbozos de verdades que aún no me atrevo a ver publicadas.
Lleno de agua y espuma la bañera, agua caliente. Lloro. La música suena junto a la cama. Me froto la piel con el guante: no es una caricia. Tampoco sé si es un castigo. La espuma cruje si cierro los ojos y apoyo la cabeza en el soporte de madera que carga con las botellas de gel, las esponjas, las cremas exfoliantes. El agua se va enfriando. Abro el tapón de la bañera y siento entonces que el frío me va invadiendo la piel al tiempo que el agua se va. Sigo llorando. Mis lágrimas no son más tibias que ese agua que se va, ni tienen más sentido.
Redacto mentalmente frases, verdades sobre lo que siento. Tomo decisiones que, al rato, ya veo carentes de valor. Sé exactamente lo que quiero y lo que necesito. Sé igual de exactamente que no lo tendré, que nunca lo tendré.
A ratos, no sé porqué no lo merezco. Pero sí lo sé. Y también sé porqué me siento así y porqué lloro.
Decido una vez más que se ha terminado. Que no habrá más oportunidades. Pero sé que en realidad eso sería otra forma, más, de autocastigarme. Y sé que insistiré. Y llamaré y volveré a notar que alargo conversaciones que apenas dan para cinco minutos. Volveré a llamar, aunque otra vez más rompa a llorar al colgar el teléfono y vuelva a preguntarme porqué sigo insistiendo en algo que no va para ningún lado desde hace mucho.
Me gustaría saber quererle. Pero no sé. No sé quererle de otro modo.
Me gustaría tener algo que ofrecerle, algo que desease. Ser algo más: más inteligente, más brillante, más guapa. Más... qué sé yo qué más, si no sé cual es el baremo, hasta qué altura tengo que llegar para merecerle.
Me gustaría. Pero es que no hay más que esto. No soy más que esto, lo que se lee, lo que conoce. Porque con él nunca hubo un papel a representar: no hay más que esto. Nunca he fingido. No soy nada más.
Y sé que no basta.
Sé que no me quiere, que no me ha querido nunca ni será posible que sea de otro modo.
Sé que ni siquiera le gusto: esas cosas simplemente se saben y ya está. Duelen un momento, pero luego... qué más da. Simple vanidad.
Son evidencias, vivo con esas certezas; no sé si lo he sabido siempre ó si, quizá, fue algo que fuí sabiendo y aceptando tras intentar rebelarme. Aceptando como acepto tantas cosas: recordando qué y quien soy.
Pero a veces duele. Y, a veces, no puedo evitar echarme a llorar, como si me viese desde fuera y no entendiera porqué las cosas no pueden ser de otro modo. Porqué no me rebelo contra mí misma.
Porqué insisto en intentar encontrar el modo de mendigar siquiera un abrazo, sabiendo que nunca me lo dará. Y sabiendo, además, que ni siquiera seré capaz de pedírselo.
Ya no.
Y lloro mientras escribo post que dormirán a medio redactar. Y lloro rodeada de agua y espuma, en esta primavera recién nacida y extraña, prolongación de ese invierno que llegó ya desde la sequía.
Y sé que ya hasta soy capaz de llorar sin que se me note en la voz.
servido por bruxana
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24 Marzo 2012
Arrastro hasta el sábado el cansancio acumulado esta semana que ha tenido un día laboral menos, menos mal. Pero que se me ha hecho eterna, minuto interminable a minuto...
El miércoles pensé que no sería capaz de aguantarla entera. El trayecto rutinario de una hora y algo hasta mi casa se me hizo eterno... y eso que en el tren iba leyendo para no dormirme. El más que rutinario paseo hasta casa desde la estación de tren fue como atravesar media ciudad...: largo, largo... paso a paso... obligándome a tener los ojos abiertos, costándome creer que fuesen apenas las diez de la noche... Aunque me había levantado más ó menos a la misma hora, y hasta me había 'cundido' la mañana (trámites bancarios, cita rápida con una amiga), y hasta había 'desayunado' dos veces... mi cuerpo estaba quejándose a gritos, como si llevase horas caminando. Y son casi ocho horas diarias lo que paso sentada frente al ordenador, y son casi otras dos las que permanezco en la misma postura, sentada, en los trayectos de ida y vuelta...
No podía estar así de cansada.
Me obligué a estar despierta hasta la medianoche, me prohibí tumbarme en el sofá azul. Y me negué a aceptar que me doliera todo, que me doliera el pecho y hasta me costase respirar. No era lógico: ese miércoles había llovido (por fin!!!!) en Madrid. Es más, a las nueve y media de la mañana estaba nevando. Y una capa de nieve extrañamente blanca (extraño por la contaminación que debía empapar las nubes) cubría algunos coches. La humedad no sólo me riza el pelo: también suele ayudarme a respirar mejor, en primavera...
Hice tiempo hasta la medianoche. Envié un sms, sabiendo que sería inútil intentar que la comunicación fuese una llamada. Creo que lo último que hice antes de quedarme dormida fue escuchar el timbre de la respuesta, creo que leí ésta casi entre sueños...
El jueves no fue un día: fue una especie de sueño, de pesadilla. No es posible sentirse más cansada, más harta de todo, con más ni más ganas de levantarse e irse... Pero aguanté: no me queda otra. Crucé el desierto de las ocho horas encadenada a la pantalla del pc y atada con la diadema-casco al teléfono de marcación automática. No es posible tener más dolor de ojos, ni de articulaciones, ni de cabeza. Arrastré ese dolor de cabeza todo el día, sin fuerzas ni para decidir tomarme un analgésico: para qué. Creo que la única decisión que fuí capaz de tomar es la de negarme a meterme en el metro para volver a casa: no, se terminó. Ese día no. Porque de pronto me dí cuenta de que salgo a mediodía del metro para meterme en un zulo donde paso ocho horas seguidas, sin ver la luz... y del que salgo de noche para meterme en el metro otra media hora y encadenar el trayecto con el tren, donde sí se vé la calle... pero ya es de noche. No hay horizonte al que mirar. Y llevo haciendo ese mismo recorrido seis meses y medio... Y no puedo más.
Tardé un cuarto de hora más de lo habitual en llegar a casa pero, al menos, fuí en el bus hasta la estación del tren, viendo la calle. Viendo comenzar la noche en el centro de Madrid, viendo cerradas las tiendas que suelo ver abiertas las raras ocasiones en que hago ese mismo trayecto (algunos viernes, en que salgo entorno a las seis de la tarde). Y volví a coger el tren en Atocha, y volví a decidir que me gusta mucho más esa estación, semi al aire libre, que la subterránea en que tengo que hacer el trasbordo cada día, cuando elijo la engañosa rapidez del metro para regresar a casa...
Tengo que encontrar el modo de salir de ese zulo. No puedo más.
Llevamos... ¿siete días hábiles?... en la nueva Campaña de ventas. Los resultados no son ni catastróficos: simplemente no son nada. Hay media plantilla de baja (normal: el aire que da una vuelta y otra sin ser depurado nos está matando); quienes seguimos allí no somos capaces de vender nada. En total... creo que han sido cuatro ventas. En total, insisto, desde que empezó la Campaña. Cuatro ventas venía a ser mi mínimo diario... En ésta no sólo no he vendido nada... sino que me siento incapaz de hacerlo. Y lo peor (ó lo mejor) es que me da exactamente igual. Que de pronto remontase y me pusiera a vender no me quitaría este deseo, casi único, de salir de allí de una vez y sin volverme para mirar atrás.
Sé que hay otras cosas que también pesan, me pesan. Que, simplemente, es que todo va mal y no me siento con fuerzas. Que no vale la pena. Que necesito cambiar de aires, que tengo que cortar con algunas cosas ya, pero ya y sin más treguas a mí misma... pero me cuesta. Me cuesta mucho.
Hay adicciones que no se pueden explicar porque no se entienden si no se han tenido.
Estoy muy, muy cansada. Tanto, que ni siquiera soy capaz de aguantar en la cama en días como hoy, en que no tengo prisa por levantarme. De puro cansancio termino por levantarme. Me miro en el espejo y me asusto de mi propio aspecto: tengo ojeras, los ojos hinchados. También de llorar, lo sé.
Sábado veinticuatro de marzo. Último día antes del cambio de hora...
Penúltimo día de esta semana extraña que empezó en festivo y que trajo la nieve, por fin, a la vez que la primavera... Demasiado tarde para nevar. Ó demasiado pronto para el calor que hoy vuelve a hacer en la calle.
servido por bruxana
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